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El cierre de Iker: “Puedo equivocarme pero no me perdonaría no decir lo que pienso”

Sería de recibo terminar esta fecha tan significativa con una historia de Navidad. Estamos tan acostumbrados a las historias que nos resquebrajan la esperanza, ahora que tenemos más información que nunca, cuando las historias malas tienen más impresión que las buenas.
Somos capaces de cosas gloriosas y a la vez demostramos la piltrafa que somos como especie. En un día como Navidad deberíamos abstraernos un poco para ver lo tremenda que es la historia de la tregua de Navidad. Esos soldados que se atreven; primero es un símbolo, sea un árbol de navidad u otra cosa. Perdieron el miedo y se juntaron, en ese ambiente. Ocurrió algo durante 24 horas que es increíble y que demuestra que ese buen fondo humano existe. La tregua de Navidad, con tan poco eco. Hay muchas más películas sobre lo atroz, que nos invade constantemente. La tregua nos demuestra cómo juegan con nosotros. Es muy difícil quitarte las cadenas de una sociedad que, por lo que sea, nos tiene muy bien cogidos, es difícil hacer cosas extraordinarias. Parece sencillo pero no lo es. La verdad pudo al bando, la cosificación, la ideología.

Hay que decir lo que uno piensa, puedo estar equivocado pro no me perdonaría no ser libre, no decir lo que pienso de verdad. Solo soy un apersona como ustedes contando lo que yo veo. Me asombra la realidad en la que vivo. Uno cuando habla en libertad siempre se mete en berenjenales porque vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto.

Intento no acatar códigos aunque soy víctima de la sociedad, me creo libre e igual no lo soy. Es difícil aceptar la libertad del otro. Hace falta ser  muy cazurro de verdad con lo que sabemos hoy de Cristo para no admitir que fue un personaje interesante. Lo que Jesús tiene de diferente es el mensaje. Es muy raro que haya un  mensaje así, en el siglo I, digno de la tregua de la navidad. Un revolucionario que no hablaba como nadie antes ni después. El discurso de Jesús es extraordinario, ¿a quién le puede hacer mal una representación? De alguna forma nos quieren odiando al otro permanentemente. Aunque suene muy a tópico y a historia de niños, a mí no me gusta estar en ninguna trinchera. Los problemas llegan cuando la inmensa mayoría calla y se convence del juego que otros han diseñado. Feliz Navidad, amigos, con misterios, respeto y recordando la historia de la tregua. ¿Seremos capaces de darnos una nosotros mismos?
Ojalá que sí.
Hasta dentro de siete días, amigos.
IKER J.