Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

El cierre: el quijotesco sentido del entusiasmo

He recibido muchos correos electrónicos en torno a una historia injusta que veo ahora a través de las redes sociales que tiene un gran impacto. Esa historia que contábamos del descubridor de Altamira, pero que en el fondo es la historia de los Quijotes españoles que tantas veces aquí rememoramos. Somos un país especialmente cainita y quizá ese sea un misterio también por resolver. ¿Por qué nos cuenta tanto admirar o reconocer a otros? Y es muy propio lo de envidiar o quitar méritos de este país.
Muchas personas de cualquier edad me decían "parece increíble que el descubridor del arte antiguo muriese casi de tristeza sin ser reconocido". Podemos cometer el error de pensar que eso ocurría antiguamente. Aquél hombre en Altamira era tan pronto que nadie podía entenderlo, y murió de pena siendo el descubridor de las pinturas rupestres y hasta veinte años después no le hacen caso. Sería impensable creer que no hemos evolucionado nada, y que en días como los de hoy siguen pasando estas cosas. Yo les digo que hoy en día sigue pasando. Y que hay muchos Quijotes que bregan en solitario. Yo creo que hay que animarlos siempre.
Aquí algún compañero ha dicho que el Quijote era un mito malo para España, pero yo no lo creo. Yo me siento muy Quijote y creo que muchos de ustedes también lo son. Cada uno en su posición ha tenido que a grandes gigantes y a grandes genios malignos. Sigue ocurriendo. Yo aquí siempre tendré un espacio para todas las personas que se lo merecen. Son personas impulsadas por el quijotesco sentido del entusiasmo, de la ilusión y que, a pesar de ver todo negro, continúan.
Recibía unas imágenes de un huevo con un galápago europeo sacando la cabeza. Eran de una enorme belleza ese momento en el que una criatura de la naturaleza observa el mundo. La siguiente imagen era la de ese pobre galápago europeo, que es una especie apunto de la extinción, cuando sale de su cascarón tiene una gran hernia. A veces estos seres tienen esos problemas que pueden ser mortales. Hay un momento en el que este hombre que me manda las fotos comprueba que se ha ahogado y que no respira. Y este Quijote me dice "será una tontería pero me lo puse en el pecho y a los 20 minutos comenzó a moverse". Este hombre se llama Antonio Estévez y es Ingeniero Ambiental.
Eso lo hace una persona que tiene que ser muy especial. Este hombre ha vendido todo lo que tiene, no ha recibido ninguna ayuda oficial. Para los Quijotes la ayuda no viene de ningún lado. Este hombre ha invertido todo lo que tenía en 10.000 metros cuadrados cerca de Orense para hacer un auténtico jardín del edén. Me lo contaba junto a sus fotografías. Se declaraba seguidor del programa y cuando veo su labor digo "el seguidor tengo que ser yo". Se ha gastado todo en tener una tierra sin ningún tipo de contaminante, en unas bombas de oxígeno que le dan al agua una pureza extraordinaria y elimina cualquier tipo de cuestión tóxica. Se ha gastado todo en extraer y replantar fauna como la que había en la Península Ibérica hace miles de años. Según dicen los biólogos, ha creado un microsistema único para proteger a esas especies que están al borde de la desaparición. Una persona sola sin ayuda de nadie por amor a la naturaleza.
Este hombre está recuperando no solo el galápago europeo, que por vez primera en la historia ha nacido en cautividad aun naciendo con una hernia. El eslizón o el Luzón, que son unos lagartos sin patas que dicen que se dividían. Los viajeros temían ese ser que se podía clavar si se lanzaba. La salamanquesa o el tritón ibérico son otras de las especies por las que este hombre ha generado un Arca de Noé real. No me extraña que diga cosas como "he hecho cientos de quilómetros de pasillos. Nunca fui ni tan siquiera recibido". Ahí está el hombre, peleando con sus animales. Si esto sirve de algo, que este proyecto no decaiga. El mayor museo de animales a punto de extinguirse lo está cuidando una persona. Esta persona que cree que el corazón propio puede sanar a otro ser de otra especie.
Es una historia tan hermosa y tan bonita que nos cuenta el doble drama. El de cómo somos, el de cuánto dinero se malgasta para algunas cosas y que este hombre haya ido con su proyecto y nadie le ha dicho nada. Ha dado todo lo que tenía y se ha embargado hasta el cuello pero no quiere sacar ningún rendimiento. Simplemente que los niños del futuro no olviden que algunas especies de animales vivieron con nosotros. Este hombre que se pone un galápago en el corazón por un movimiento de compasión por la naturaleza, evidentemente era un hijo de Félix Rodríguez de la Fuente. Félix estaría absolutamente orgulloso de encabezar una cosa así. Repito: sin ayuda de nadie. Visitando todos los importantísimos despachos de tantos funcionarios que son muy importantes incluso en medios ambientales y políticas de conservación de la naturaleza. Qué hermoso que todavía queden héroes como este. Hasta dentro de siete días amigos...