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HAITÍ Y LA CULPA

 
A los estudiantes de periodismo, cuando se les enseña a valorar una noticia , se señala la distancia como un factor en contra. Nos sentimos concernidos por lo que tenemos cerca, por lo que puede afectarnos directamente; de hecho, los  medios generan interés en la medida en que se ocupan de los problemas que afectan a sus usuarios. Hasta aquí todo, inevitablemente, normal.
 
Desde que yo estudiaba estas cosas hasta ahora mismo el mundo ha dado un giro radical. Ahora todo nos concierne a todos, un estornudo en China puede provocar un resfriado en los mercados de Europa; una imagen da la vuelta al mundo en un instante, la globalización es un término cargado de contenido, de consecuencias para todos.
 
La tragedia de Haití sale en los medios pero, después del primer impacto del terremoto que arrastró a los medios de todo el mundo, el interés se ha desinflado. Eso que, después de que las cámaras salieran de allí, la tragedia se ha multiplicado, cientos de muertos por cólera, la miseria extrema y la degradación a la vista de todos...pero ya no vemos caras conocidas, ya no se hacen llamamiento s públicos con tanta convicción, ha llegado la hora de las consecuencias, de la realidad más espantosa. Y ahora toca pasar página informativamente hablando.
 
Porque la visión del horror nos hace sentir incómodos, conscientes de nuestra incapacidad , ahora sí, de salir a la calle y pedir que el mundo entero se apiade de gente tan acostumbrada al sufrimiento que creemos que ya ha dejado de sentirlo. Siento vergüenza. Y mi parte correspondiente de culpa.