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Los reinos de Dolpo y Mustang (2 de 2)

Sabemos con certeza que nadie ha hecho esta ruta y menos aún intentar escalar otra de sus numerosas montañas, todas ellas de más de 6.000 metros de altura. Apreciamos en las fotografías satélites un extenso campo de hielo y glaciares por todas partes. En esta zona sólo nos adentraremos, Manu, Emilio, los dos sherpas y yo. El resto del grupo lo enviaremos por el collado de 5.750 metros a un lugar llamado: La Pedhi, donde se supone que nos encontraremos días después. Luego continuaremos ruta hacia otro reino anclado en el tiempo: el reino del Mustang.
Dentro del pequeño avion Pilatus Porter

Es una grandiosa aventura, la mas larga que hemos hecho en Desafío Extremo, y en ella se dan todos los alicientes de las grandes aventuras: muchos días sin para de caminar, conoceremos gentes y culturas que viven como en el antiguo medievo, escalaremos montañas cargadas de historias y otras aún vírgenes, exploraremos valles nunca antes pisados, abriremos una ruta por los campos de hielo y glaciares nunca antes pisados, y saldremos hacia un mundo todavía perdido en el tiempo, donde existe una pequeña ciudad con rey y reina propios. Esta ciudad se encuentra amurallada y cierran la puerta por las noches, como en las antiguas ciudades medievales. Se llama Lo-Mantag, y está en el reino del Mustang. En total serán casi 500 kilómetros caminando y más de cuarenta días. Todo es incierto. Este es el plan, pero nos pasarán tantas cosas que, de todo lo que queremos hacer, nada es seguro. La expedición puede morir en unos días si el invierno decide adelantarse y nos corta el paso en alguno de los 7 collados altísimos, de más de 5.000 metros, donde tendremos que pasar con las mulas. Si nieva copiosamente esto será imposible.
El Dhaulagiri de más de 8.000 metros de altura

En el Dolpo o en el Mustang, si las nieves son tempranas, los reinos quedan aislados y nadie se mueve. Estamos solos, ya no hay visitantes en esta región, es mediados de octubre y le estamos echando mucho valor arriesgándonos a quedar incomunicados, ya que calculamos que no terminaremos la expedición hasta finales de noviembre. Ahora os escribo desde una pequeña aldea a 3.100 metros llamada Polam, junto a un inmenso lago de color turquesa, y una catarata de casi 200 metros, la más alta de Nepal. Hace frío y aparecen nubes de altura que presagian cambio a mal tiempo. ¡Empezamos bien!. También estamos preocupados ya que es una zona castigada por los ataques de la guerrilla maoísta, donde hace muy poco se producían violentos ataques entre maoístas y ejército. Hay controles militares donde no dejan entrar las cámaras, y aquí estamos con la intención de rodar un documental con estas premisas. Espero tener suerte. Siempre la tengo y si no, ya me las arreglaré como otras veces para salir de los entuertos.
Niña de Dolpo

De momento llevamos cuatro días caminando junto al río Suli, entre abetos gigantescos de 30 metros de altura, bambú, laderas repletas de cáñamo, un agua turquesa que ruge como un dragón al precipitarse por los imposibles rápidos, y una terrible humedad que nos cala los huesos cuando la temperatura desciende cerca de los cero grados. En los próximos cuatro días nos esperan tres grandes dificultades: la primera será pasar el control militar, la segunda atravesar el lago Phoksundo, donde tendremos que descabalgar las cargas y pasarlas a mano en varios tramos. Estos pasos son muy estrechos, apenas 40 centímetros de ancho y cientos de metros de caída vertical. Un mal paso te manda al otro “barrio”. Y para finalizar, el tercer obstáculo es un collado de casi 5.400 metros, barrera natural que comunica con el alto Dolpo, y selecciona a los que osan entrar en este reino perdido. Os escribiré la próxima crónica desde el otro lado del muro, en un lugar donde el tiempo se ha detenido y sin duda es de los más aislados del planeta.
Jesús Calleja desde el reino del Dolpo escondido en el corazón del Himalaya.