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Un mundo increiblemente remoto (3 de 3)

Son gentes rudas, maltratadas por los elementos, y estoy seguro que sólo ellos son capaces de adaptarse a este medio tan sumamente hostil. Viven con lo justo. El dinero casi no hace falta porque no hay qué comprar, no existen tiendas. Lo más importante es administrar lo poco que les da la tierra casi yerma y los yaks.
Ascendiendo el duro paso del Kan-La

Sin duda estamos alucinados y con cara de sorpresa absoluta. Nunca antes había estado en un lugar donde verdaderamente el tiempo se haya detenido. Viven igual que hace cientos de años, exactamente igual, visten igual, comen igual y mantienen las mismas costumbres. No hay máquinas, casi no hay metales, y todo lo que tienen es lo que ellos pueden conseguir en estas lejanas tierras. Todo lo que parece mecánico es de madera, no hay engranajes, ni tornillos, ni palas, ni picos, nada metálico. Todo se hace a mano o con madera. El sol abrasa nuestra piel y no somos capaces de absorber tantas cosas que nos ocurren cada día. Espero que veáis el programa que estamos grabando para “Desafío Extremo” porque a nosotros nos parece algo excepcional. Creo que pocos lugares en la tierra se vive como hace cientos de años.
Ascendiendo las duras rampas de los pasos de montaña

Nos hacemos muchos amigos, dolpas y kambas. Los kambas eran antiguos bandoleros de caminos que venían de la región de Amdo, pero ahora son héroes, ya que sólo ellos defendieron con armas, uñas y dientes el Tíbet ocupado por los chinos, y ahora gozan del status de héroes. Sin embargo han tenido que autoexiliarse en estas remotas tierras para no ser perseguidos por los ocupantes chinos. Ahora conviven perfectamente con los dolpas. Seguimos viaje hacia el este, desde donde os escribo, en una aldea pequeñita llamada Komasegeon, donde hace una semana han tenido lugar hechos muy desagradables, peor todavía considerando que son budistas. Dos vecinos, uno de ellos monje, se pelearon por unos terrenos y el monje murió apuñalado. La aldea esta compungida y triste. Es una rareza que esto ocurra, pero lamentablemente ha pasado.
Ayudando a los porteadores a descender las pendientes heladas del paso de Kang-La de 5.400 metros de altura

Hace mucho frío ahí fuera. El sol se ha puesto y me animo escribiendo estas líneas. Estamos muy lejos de casa, nos quedan aún más de veinte días de expedición y la desolación del paisaje y la simpleza de estas gentes nos aturde con sentimientos a veces contradictorios, y más al saber que estamos en cierta manera atrapados en estos altos valles, de los que sólo se puede salir a través de los pasos de montaña de más de 5.000 metros de altura, completamente cerrados para los animales, incluidos los yaks. Esperemos que el paso de los días nos desbloquee o nuestra idea de alcanzar el reino del Mustang y las escaladas se terminará antes de haber comenzado. Tendríamos que concentrarnos en resolver cómo salir de aquí antes de que nos atrapen las nieves del invierno, que esperamos no se adelanten por la cuenta que nos trae. En la siguiente crónica sabremos si la expedición continúa según lo planeado o tendremos que buscar la forma de salir del alto Dolpo, que en sí mismo es en estos momentos toda una aventura. Jesús Calleja desde las recónditas tierras del Himalaya.