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La laguna de los zorros (3 de 3)

Nos quedamos con la boca abierta de la magnitud del lugar, ya no nos pesa ni las mochilas a pesar de llevar ocho agotadoras horas. No paramos ni a comer, y vamos recolectando unos pequeños frutos, del tamaño de un garbanzo de un rojo atractivo, con sabor a manzana que es comestible, su nombre Chaura. Para mayor disfrute se ha parado el viento, y el cielo aparece, que por cierto es la primera vez que lo vemos en Tierra de Fuego. Luis dice a aprovechas a ver el cielo y las montañas, porque aquí es casi imposible tener un día tan despejado.

La cordada de Jesus Calleja llegando al campo I

 

Al poco rato llegamos a una laguna colgada de la morrena glaciar, en un lugar privilegiado, con vistas a todo el circo de este sector de la Cordillera Darwin.

La laguna, las monumentales montañas, los numerosos glaciares colgantes, los glaciares de valle, las lengas y ñires, el cielo de un azul brillante, los guanacos, y sobre todo las vistas de nuestro objetivo, el monte Caledonia, hacen un conjunto de sensaciones visuales, como pocas veces se pueden ver. Es imposible encontrar un adjetivo que califique este derroche de belleza. Estamos todos sin palabras. Luis ha bautizado este lugar como “laguna de los zorros”, porque cuando escalo el Caledonia en su primera repetición, los zorros, le comieron casi toda la comida que habían almacenado en este punto.

Saltando rios que se forman en el propio glaciar

Vemos claramente la ruta que seguiremos. Es larga, expuesta y con un grado técnico medio. Lo más importante es ir encordados, pues las montañas están cargadas de nieve, y hay innumerables grietas, siempre estaremos escalando sobre glaciares que descienden desde la mismísima cima. Tenemos que instalar un campo I, y después de darle muchas vueltas no lo pondremos donde es el sitio natural, lo haremos muy alto, relativamente cerca de la cima, pues el siguiente objetivo si alcanzamos la cima del Caledonia es descender hacia el otro lado, del que  no se ve nada, y del que nadie ha explorado jamás. Nunca antes nadie descendió hacia esa parte, y menos aun exploro el lugar para buscar una ruta novedosa que llegue a conectar con el glaciar Alemania, y alcanzar como sea la bahía en el canal de Beagle donde llamaremos por el teléfono satélite a nuestro velero y  nos pueda recoger, que esa será otra historia. ¿Cómo nos sacará el velero de ese lugar?

Pero antes hay que llegar, y para eso nos esperan muchas dificultades de todo tipo: alpinisticas, rapeles, descensos abruptos, remontar mas morrenas glaciares, y sobre todo encontrar un paso, salvando todas las dificultades que nos surjan, que os aseguro serán muchas.

 

Mientras nos embobamos mirando al Caledonia, hacemos la cena: hoy toca ravioles, de sobre por supuesto, una chocolatina por barba, te, o café, y al saco que mañana hay madrugar, y yo antes tengo que hacer los deberes con mi ordenador y enviaros la crónica de lo que nos ocurre. Os aseguro que es costoso golpear las teclas del pequeño ordenador con los dedos entumecidos por la humedad y el frío, pero escribir me motiva y me gusta, sobre todo porque se que mis amigos lectores son fieles a mis crónicas y esto me anima a seguir contaros lo que me ocurre, en mis aventuras, a pesar del cansancio, a veces agotamiento, y cargar con este pesado equipo. Amigos, ¡¡va por ustedes¡¡

 

Mañana empieza lo gordo, hasta ahora casi vacaciones. Estar atentos os escribiré en dos días.

Jesús Calleja desde la tierra del fin del mundo.

www.jesuscalleja.es