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El laberinto de hielo (3 de 3)

Resolvimos descender, y exponer el plan a todos los compañeros. De irnos por la nueva ruta va a resultar absolutamente agotador, el día se puede saldar con mas de 12 horas de “mochilón” de 30 Kg. a la espalda, y con la incertidumbre de no llegar a ningún lado, pues podemos encontrarnos bloqueos como los de hasta ahora, y si esto ocurriera habría que hacer noche en mitad de un glaciar y por la mañana pensar que hacer. Decidimos arriesgarnos y apechar con lo que suceda, ciertamente hay tensión y preocupación, la situación es complicada e incierta. Progresamos muy despacio, la inclinación cada vez es mayor, y las grietas aunque no imposibles son complejas de pasar, y son muchas... Es como sortear un “jodido” laberinto, del que si te equivocas de calle, regresas por tus pasos y a volverlo a intentar por otro lado. Así vagamos los siete, de aquí para allá, saltando esta grieta, escalando esta otra, sentados para recuperar fuerzas, ¿pero de dónde? No hemos comido nada y el agua se termino, así que cojemos un poco de las grietas, pero esta es insípida y congelada. Cuando en un grupo ya no se habla, es que algo pasa. El cansancio, el agotamiento, la incertidumbre y porque no decirlo el miedo ante tan descomunal panorama helado, hace mella... Conseguimos alcanzar el nacimiento de este glaciar, que esta junto a un gran murallón de hielo vertical de unos 300 metros de alto y de más de medio kilómetro de ancho, que se precipita continuamente en forma de explosiones de hielo que al tocar con el otro glaciar desde esa altura estalla en millones de trozos de hielo. Lo comparamos a un enorme tsunami, a una gigantesca ola de hielo azul que amenaza con venírsenos encima. Ahora giramos de nuevo hacia la parte derecha, con intención, de nuevo de poder acercarnos a la zona por la que el monte Caledonia nos podría dejar escalarle. Pero de nuevo, dificultades. Empiezan una vez más las grietas, esta vez como estamos a mucha más altura están rellenas de nieve, y este si que es un problema, pues ahora ya no sabemos cuales son pequeñas y cuales grandes, y de pisar la que no es, te cuelas. Tenemos que extremar nuestro encorvamiento, y siempre tener la cuerda tensa. Poco apoco vamos desenmarañando el laberinto que el Caledonia nos ha impuesto resolver si queremos alcanzar su cima. No nos rendimos, y resolvemos continuar, estamos al límite de lo soportable, extenuados, pero nos hemos fijado pasar estas grietas como sea y alcanzar una superficie rocosa donde instalaríamos el campo I.
LLegada a la laguna de los zorros como la hemos bautizado
Así sucedió, lo alcanzamos una hora más tarde, estamos felices de llegar aquí y resolver el enigma del laberinto del monte Caledonia, pero derrotados físicamente. Para colmo empieza a soplar un viento que anuncia cambio del tiempo, y posibilidad de temporal, algo aquí habitual. El viento va subiendo de intensidad, al igual que el frío, por lo que construimos una muralla de piedra de un metro y medio para proteger nuestro vivac. Trabajamos en equipo y sin rechistar, el mal tiempo ya es una realidad y las tiendas de campaña nuestra salvación. Cenamos, nos hidratamos, y casi no da tiempo a nada más, nos quedamos como corderitos acurrucados los unos juntos a los otros, sólo hemos montado dos pequeñas tiendas para siete, pero da igual, estamos a salvo, y calientes. Mañana será otro día...
 Por delante tenemos la parte más compleja, el ascenso a la cima, con pendientes más inclinadas, grietas de mayor tamaño, y un gran enigma que nos esperara, además el tiempo ha empeorado radicalmente, y nos nieva con un fuerte viento. Aun así hemos decidido continuar. Ahora si que dependemos de nosotros, y nadie nos podría ayudar en caso de graves problemas. Estamos completamente aislados en medio de la cordillera Darwin a tan solo 1000 Km. de la Antártida.
Amigos estar atentos, en la siguiente crónica os contare si alcanzamos la cima o nos tendremos que retirar... Jesús Calleja desde los confines de la tierra.