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El extraño mundo submarino del ártico (1 de 2)


Hola amigos, continúo en el Ártico canadiense, a unos  1.500 km del Polo Norte.
Hemos instalado nuestro campamento encima del mismísimo mar helado, y desde aquí hacemos todos los días exploraciones del entorno, buscando los mejores lugares para bucear en este congelado lugar.
Estamos en el mes de junio, y el mar todavía sigue helado. Incluso cuando se abren canales de agua, por el movimiento del mar, se congelan al poco tiempo. Así que imaginaos el frío que hace, como para que el agua del mar que es salada, se congele a tanta velocidad.
El equipo de Desafio Extremo bucea entre témpanos
 
Os contaré curiosidades de estas zonas:
Durante el invierno, el mar se hiela bastante al sur de este punto. Es decir, que el mar puede estar helado completamente desde unos 3000 kilómetros al sur del Polo Norte. Encima de esa capa de hielo nieva. Curiosamente nieva más a esta latitud que es de 73º que en el máximo que son los 90º del Polo Norte. A medida que te acercas al mismo Polo Norte la nieve decrece de espesor y las nevadas son menos copiosas. Ahora estamos en una latitud en la que nieva mucho e incluso en esta época, mes de junio, las nevadas te pueden sorprender como ha pasado hoy.
El día ha empezado con una fuerte nevada, que impide que hagas nada, pues apenas hay más de 20 metros de visibilidad. Conducir con las motos de nieve es una temeridad, y bucear, mucho más complicado porque apenas hay luz debajo del agua.
Emilio Valdés bucea en el Ártico

Aun así estamos esperando que la luz aumente y lo intentaremos de nuevo.
Desde la última crónica hemos seguido buceando, y cada vez me adapto mejor a este buceo tan difícil. Sin duda el más complejo de todos.
Jesús Calleja María March y Oscar se concentran antes de una inmersión peligrosa
 
Pero, siguiendo con las curiosidades, os diré que cuando nos lanzamos a los canales de agua líquida que se forman de una manera casi mágica, hay que vigilar sobre todo que no se cierren. Una vez que todo está correcto disfrutamos mucho viendo ese mundo tan extraño que forma el hielo.
Estamos justo en el borde entre la banquisa ártica y el mar caótico.
Todo es mar, solo que la banquisa es más estable y el hielo más uniforme, caótico, formando grandes bloques de hielo fracturado, de diferentes espesores, así como icebergs que se mueven, como su nombre indica, caóticamente.
Sin duda alguna el mar caótico es mucho más espectacular, aunque también más imprevisible y peligroso.
Jesús Calleja junto a la parte final de un iceberg

Es aquí donde buceamos, y donde hemos pasado nuestros buenos sustos.
El agua esta a unos -2ºC, y tiende a congelarse continuamente. Nuestro equipamiento es de lo mejor, es casi imposible mantener las manos medianamente calientes, y esto es sin duda lo peor de todo. ¡Imaginaos meter las manos en agua llena de hielos a -2ºC y tener que moverlas y manejar equipos sofisticados con los que no puede haber fallos!
Jesús Calleja sufre con sus manos heladas tras regresar de una inmersión gélida

Aun así dentro del agua, a medida que nos sumergimos, lo primero que te llama la atención es el hielo casi uniforme de la banquisa. Hacia adentro es de una negrura endiablada, y no podemos avanzar mucha distancia debajo de este hielo porque en cuanto te alejas ya no se ve nada.
Con las linternas que llevamos observamos algo que hace el lugar aún más tétrico. Esta lleno de una especie de telarañas colgantes de color verde, que lo inundan todo. Amigos, el hielo por debajo es de color verde, y está repleto de estas extrañas formas. Es fitoplancton, y es la clave de la gran abundancia de vida animal que habita esta agua.
Jesús Calleja y María March bucean entre témpanos helados

Os lo explico: el fitoplacton es la fuente de alimento del otro placton, más grande, que lo constituyen millones y millones de microorganismos, organismos, y animales marinos de diferentes tamaños. Hemos visto formas extrañísimas de este placton, pero a mí las que más me han llamado la atención son una especie de medusa, que no es tal, y que está compuesta por más del 99.9 % de agua. ¡Alucinante! Cuando ven la luz de nuestros focos vienen a montones y parece que nos invaden seres extraños de otro planeta que quieren devorarnos.
Por si fuera poca la rareza de estas medusas, aún hay otras especies que, cuando se nos acercan se retroiluminan, como si nos hicieran señales. Miramos hacia el fondo y es un continuo juego de luces estroboscópicas.