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La caravana, los collados y por fin El Reino del Mustang (1 de 3)

En esta expedición las sorpresas son diarias, y a veces más que sorpresas…
Ascendiendo por pendientes de nieve y hielo hasta los 5.600 metros más alto que cualquier cima de Europa occidental u oriental

Es la última caravana del año que sale del alto Dolpo por esta complicadísima y peligrosa ruta y lo tenemos que hacer con estos dos “chavalucos”.
Celebramos la llegada al penoso y sufrido collado de 5.600 metros

Preparamos todos los paquetes, que dividimos según los pesos, y pronto nos damos cuenta de que resultará una caravana de la que nunca nos olvidaremos.
Y estos 18 yaks… ¡son nuestros yaks! Son toros de 600 y 700 kilos que hay que cargar y descargar durante más de una semana. Realizar una ruta en esta época es casi imposible…
Emilio Manu y Jesús en el primer collado de 5150m de este día cuando les restan cuatro collados más

Nos ponemos en marcha y algo va mal. Cada yak hace lo que le da la gana, se vuelven locos, tiran las cargas, las volvemos a poner de nuevo con mucha precaución en los lomos, y de nuevo al suelo. Hasta que hay una desbandada general y todos tiran las cargas. Uno de ellos echa a correr y se pierde para siempre en algún remoto valle. Nunca más veremos a este yak. Ni nosotros, ni su dueño. Primera baja…
En uno de los cinco collados que cruzamos en un solo día. 5.300 m

¡Tres horas para recorrer medio kilómetro! El día será muy largo.
La jornada transcurre con desbandadas generalizadas, desorden absoluto, los yaks metiéndonos sustos cada poco. Nadie sabe ya qué hacer. Son unos “jodidos” salvajes y no hay quien pueda con ellos, pero avanzamos.
En un momento dado la desbandada es tan brutal que nos tenemos que poner a la defensiva para que no nos ataquen y seis de los yaks
Jesus enseña el desnivel salvado en uno de los cinco collados cruzados en una jornada por encima de los 5.400 metros

Se nos echa la noche encima a 4.900 metros, en la base de un collado y allí pasamos la noche. Antes atamos a los yaks a pesadas piedras para que no se escapen por la noche. Es una sugerencia de Phuntchok, cuyas ideas siempre son valiosísimas.
Es la noche más fría de toda la expedición, y ocurre algo que nos deja aún más helados…
aparecen dos jóvenes mujeres, tres hombres de apenas 18 años y un niño de un año, sin casi ropa, más bien vestido con harapos, sin calcetines, alguno va en zapatillas, otros en sandalias, sin equipaje de ningún tipo, y el niño con la mirada perdida, a punto de morir de frío y hambre.