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Rumbo a la Antártida (2 de 3)

-¿Cómo dices?.
-Sí, un borracho y un ladrón.
-¿En un pueblo de 15 personas, es algo insólito que tengáis dos arrestos de dos vecinos que supongo que son amigos?
-Así es, pero delinquieron, y se les trasladó a Puerto Wiliams después de pasar algún tiempo en esta pequeña celda.

Nos quedamos de piedra, ya la verséis en el programa cuando toque este capítulo, pues lo tenemos todo filmado. Le pregunto por la casa más antigua del pueblo, y me dicen que me dirija a la casa amarilla, la que está más al fondo. Hacia allí nos vamos.
Llamamos a la puerta y sale un chico más bien gordito, muy abrigado, y con un pañuelo muy grueso con el que se tapa hasta el borde de los ojos. Ya nos pareció siniestra la casa, así como el jardín donde tenía dos visones muertos sin cabeza, y unos perros que ladraban sin parar escurriéndoseles las babas, con una pinta de querernos hincar los dientes..

Le pregunto el nombre y me dice que se llama Alejandro, tiene 17 años, y ahora vive solo.
Le pregunto por sus padres y me responde uno de los niños que sigue a nuestra comitiva desde que llegamos al pueblo:
- Sus padres están muertos, pero no se puede hablar de ello.

Me quedo de piedra con la respuesta del “renacuajo” de apenas 10 años, y Alejandro le mira con cara de desprecio. Cambio rápido de estrategia, pues el pequeñajo nos ha dejado a todos fuera de combate para ganarnos a este chico introvertido, que supongo con muchos problemas. Hablamos de los visones que les falta la cabeza, y me dice que él ha puesto trampas a esos bichos de diablo que llegaron con un barco y que hay que matarlos.

Todo en él es extraño. Avanzo en alguna pregunta más:
- ¿Dónde esta tu familia?
–Solo tengo abuelos pero ahora ellos tampoco están, y ya sabes que mis padres han muerto.
- ¿Estás solo? –Sí.
-¿Necesitas algo?..
-¿Tienes algo para echarle al pan?
Niños jugando a las armas en Puerto Toro

Es lo único que acierta a decirme. Al principio no lo comprendía, pero lo que quería es comer algo diferente, pues el único recurso con que cuenta es pan. Dice que espera a barcos que le traigan algunos víveres. Le digo que me acompañe a nuestro velero y le damos varias cosas para comer, aunque lo que más quiere es mantequilla.

Ciertamente me quedé sorprendido con este pueblo, y más con sus habitantes: aún siendo solo 15 hay 15 historias diferentes, con ladrón, y borracho incluido. Supongo que tanta soledad y aislamiento condiciona a los humanos.

Zarpamos rumbo al Cabo de Hornos. Este es el punto más al sur del planeta hasta la Antártida. El problema será fondear para llegar al faro… Roger hace varias maniobras, hasta que conseguimos bajar el bote de goma, e intentar desembarcar.