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Hoy he visto el Sangri-La

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Hola amigos, os escribo desde lo que me parece el Sangri-La, que según la leyenda es una civilización perdida en algún remoto lugar del Himalaya.
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Esa es la sensación que tengo en este increíble lugar desde el que os escribo: Lingset, una aldea situada a 4.000 metros de altitud y escondida en un  pequeño valle blindado por gigantescas montañas nevadas, y cuyo borde principal cae verticalmente a la fría e inhóspita garganta del río Zanskar.
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Esta aldea es tan remota que, para acceder a ella, mis amigos porteadores zanskaries, Emilio y yo hemos tenido que caminar durante cinco días por el peligroso cauce de este río helado. Durante tres jornadas más, ascendimos peligrosísimas laderas sin rastro de camino alguno, remontamos altos pasos de montaña que ni siquiera aparecen en los mapas, y seguimos una ruta en la que, más que ascender, parecía que levitábamos.
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Los pasos eran tan estrechos que teníamos que pasar pegados a la pared y dar pasos de uno en uno lateralmente porque sólo nos cabía la anchura de un pie, el terreno estaba helado y la nieve nos cubría hasta las rodillas. Debajo de nosotros había un gran abismo, si cometíamos un solo fallo no habría salvación posible.
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La ruta ha sido espectacular e increíble. Hemos ido completándola con mucho cuidado para no romper el frágil equilibrio de cada piedra, de cada risco y, sobre todo, para no resbalar por sus gélidas laderas. Y aun así, la furia de esta cordillera del Himalaya nos avisó enviándonos una fuerte avalancha que apareció de improvisto cayendo desde muchos metros de altitud y arrasando cuanto pillaba por delante. Nos dejó helados: todo sucedió cinco minutos después de nuestro paso.
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Pero  llegamos sanos y salvos a un lugar sorprendente: Lingset.
Al otro día hablé con la gente del lugar para que nos ayudara a encontrar el siguiente paso de montaña. Los zanskaries son gente muy amable y hospitalaria  que no duda en ayudar. Se preparó una gran caravana y, el 14 de enero, emprendimos el ascenso.
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Pero lo conseguimos y allí en la cima, al unísono gritamos al aire: KIKI-SOSO-LARGUELO, que significa “gracias a  los budas por conseguirlo”.
Desde este collado empezamos el angustioso descenso a la otra vertiente, la ruta seguía cargada de nieve pero el paisaje fue poco a poco cambiando. Al asomarnos a un pequeño rellano, apareció con todo su esplendor el pequeño valle de Lingset. ¡SI! de verdad, era el Sangri-La, aquella aldea tan increíblemente hermosa no podía ser otra cosa.
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Ahora me alojo en una de las casitas de esta aldea, donde se ve a sus gentes bien alimentadas, fuertes, esbeltas, y todas vestidas con sus “chubas”, curioso chaquetón que llega hasta los pies confeccionado con lana de yak.
Tengo que descansar y alimentarme bien, porque mañana empiezo una nueva aventura. Quiero descender de nuevo al río Zanskar por otro valle paralelo, e intentar completar su ruta helada para alcanzar los valles mas bajos del Zanskar, donde inicialmente estaba diseñada mi expedición.
¡Atentos porque prometo más aventuras y emociones desde el lugar más remoto del Himalaya en invierno!
Jesús Calleja desde el corazón salvaje e inhóspito del Himalaya.