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Cima en los últimos hielos de Ecuador (1 de 3)

¡Amigos Desafío conseguido!

Tres de julio del 2010, es una fecha que recordaremos gratamente mi hermano Kike Calleja, Emilio Valdés y yo, pues conseguimos alcanzar la tercera cima más alta de África con sus 5.109 metros de altura, y además puede ser una fecha histórica para todos los españoles si conseguimos pasar a la semi – final del campeonato del mundo de fútbol.

En la última crónica os decía que habíamos alcanzado el campamento Elena situado a 4.550 metros de altura. Llegar hasta aquí ya es meritorio, porque la climatología en las montañas del Ruwenzori es terrible, considerándose como uno de los lugares donde más llueve del planeta, con 350 días al año.

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Esto hace que se anegue el terreno hasta tal punto que hay ciénagas por todos lados donde el barro, lodo y agua dominan y condicionan el paisaje, haciendo que llegar hasta aquí no siempre sea posible. Más de la mitad de las expediciones que lo intentan nunca lo consiguen, pues el terreno, si hay muchas lluvias, gana siempre.

Nosotros hemos tenido la suerte de nuestro lado y las lluvias han sido escasas y contenidas, y aun así, ha sido durísimo progresar por los kilométricos pantanos fanganosos y hierbas movedizas. Por esta razón estamos muy felices de haber alcanzado el último campamento, y campo base para el ataque final al Pico Margarita el más alto del macizo del Ruwenzori, a tan solo 15 kilómetros del Ecuador, en el país de Uganda.

La niebla el día 2 se nos metió hasta dentro de nuestra minúscula cabaña. ¡Por Dios que frió hace en este pueblo! como decimos en mi tierra, en León. Son 4.550 metros de altura, la niebla que procede del valle inferior se enfría, y mucho, durante el ascenso, y al llegar a esta altura es gélido. Todo lo empapa y luego se congela produciendo un verglas (pequeña capa transparente de hielo) por todas las rocas. Caminar a esta altura al atardecer es peligroso, pues casi no ves el hielo que lo forman los millones de gotitas de agua de condensación.

Miramos hacia arriba y no vemos ¡ni a jurar! como decimos también en mi tierra. Esto nos preocupa pues puede condicionar nuestra escalada. La realidad es que teníamos que haber aclimatado en el campamento inferior y no lo hicimos, incluso en el más inferior a 3.500 metros, que tampoco lo hicimos. A esta altura es casi obligatorio, pues el cuerpo estará expuesto al 50% de falta de aire y de su consiguiente oxigeno, es como si nos quitaran un pulmón y no nos hemos adaptado para vivir sin el. ¿Os imagináis qué trauma es para el cuerpo?. Pues si no aclimatas, la sensación que nosotros tenemos es la misma, te ahogas con esfuerzos mínimos, y el corazón se pone a 200 pulsaciones si nos pasamos un poco en el ritmo del paso.

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Aun sabiendo que está mal hecho y nos puede pasar factura, decidimos que escalaremos el pico Margarita sin aclimatar, a tan solo 14 horas de haber llegado a esta altura (4.550 metros), y sin que al cuerpo le dé tiempo a aclimatarse. Tomamos esta decisión no por “cazurrros”, si no porque estamos teniendo una “nata” con el tiempo, que no nos lo creemos, así que decidimos no tentar a la suerte que estamos teniendo demasiada, y hace tres días que no llueve, y parece indicar que al menos aguantara un día mas.

Con esta decisión, cenamos muy poca cosa, ya casi no queda comida, no sabemos qué misterio nos persigue en las expediciones con la comida pues siempre desaparece como por arte de magia. La explicación es sencilla, aquí en Uganda hay tantas carencias, que porteadores y el cocinero sobre todo, van guardando en sus morrales parte de la comida, sobre todo lo que es dulce, y las latas de conserva; conclusión, sólo tenemos: para el desayuno, té, tres galletas por “barba” al día, y un trozo de pan de molde. Comida: una manzana -habéis oído bien no hay más-. Cena: unos pocos de espaguetis a los que les acompaña una salsa hecha con un trozo de carne que huele a cinco metros, con su correspondiente enjambre de moscas verdes que viaja con nosotros todos los días desde que comenzó esta expedición. Me da tanto asco, que yo me niego a comer esa salsa de carne, y sólo como los espaguetis a “palo seco”, y les hecho un chorrito de aceite de oliva de una pequeñísima botella que “mangué” a algún hombre de negocios de la business class del avión que nos trajo hasta aquí.

También a veces nos dan unos trozos de piña de bote, tan ácida (la fecha caducó hace cuatro años), que además de saber a óxido, pica tanto que te quema la boca por dentro. Menudos “getos” que ponemos los tres cuando le “hincamos el diente”, parece que hemos metido los dedos en un enchufe de lo que retorcemos los músculos faciales. ¡Pues ya esta! este es nuestro menú diario…

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Con la poca energía que metemos para el cuerpo nos vamos a la cama, y Emilio se acurruca entre Kike y yo para que le demos calor. En esta expedición se equivocó de saco de dormir y se trajo el de “climas tropicales”, que parece de papel de fumar, y os aseguro que a esta altura y a pesar de estar junto al Ecuador, la humedad y las temperaturas bajo cero te dejan “tieso” de frío.

Amanece un día helador, pero, amigos, la suerte una vez más se alía con nosotros y aparece un día transparente, incluso se ven los valles inferiores, la niebla no ha aparecido, pero lo hará con seguridad en menos de dos horas. Nos miramos en el saco, con cara de : ¿qué hacemos aquí, con este frío y humedad, y el resto de España, que es sábado preparando la mega juerga en las terracitas de verano para ver si pasamos a semi finales en el mundial de fútbol?

Así es nuestra vida y jamás la cambiaríamos por nada del mundo, aunque el día de hoy sea doloroso por no poder ver a nuestra selección. En cambio haremos cumbre en una de las montañas más especiales de la Tierra, y que sepáis, que desde que nos hemos levantado no hemos dejado de canturrear: ohe, ohe, ohe, ¡ España¡, ¡España¡, campeoooones, ohe ohe ohe¡, campeoooones, ohe, ohe, ohe…