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Cima en el monte Caledonia (2 de 3)

El ascenso se va complicando cada vez más, las grietas son enormes y la nieve blanca recién caída. Se nos indica que tenemos un maldito puente de nieve, que puede ser delgado, y muy blando. Malas noticias para mí, tengo que atravesarlo y no me puedo negar o pasarle el “marrón” a otro. Tengo que continuar con decisión y aventurarme en el puente de nieve. Un paso, después otro a cámara lenta, como en la película Matrix, después mis pies se empiezan a hundir lentamente, y ¡puf! se detienen en el último instante. Estoy hasta la cintura, y casi palpo el abismo. Esta debajo de mí. Una “devoradora de hombres” me quiere, pero la blanca nieve me detiene. Llevo mi piolet (herramienta en forma de piqueta, para sujetarse en le hielo), en posición de defensa. Es decir agarrada por el mango y lista para lanzarla certeramente contra la nieve e intentar sujetarme si se abre el abismo a mis pies, en este caso es lo que hice. Instintivamente la clavé en el labio de la grieta y logre sujetarme, después salí lentamente. Si me hubiera colado, la cuerda se tensaría y Emilio, Kike y Luis Turi me habrían frenado, pero el susto no me lo quita nadie.
Glaciar del monte Caledonia
A lo largo de la jornada todos nos colamos alguna vez en las grietas, lo que demuestra que las condiciones eran pésimas y en otro lugar y en otra situación habríamos cancelado la expedición, pero estamos muy lejos y estos es lo que hay, por lo que a pesar del manual decidimos arriesgar más de lo debido.

Este es el panorama continuamente: decenas de grietas que tenemos que evitar, haciendo zig-zag, escalando muy inclinado, rodeándolas. En fin otro maldito laberinto a sortear. Kike me quiere dar el relevo, pero no le dejo, aunque tenía que haberlo hecho. Pero es mi hermano y tengo tendencia a protegerlo en exceso, aunque el ya me salvo la vida en el Mackinley. Además quiero purgar la sensación de culpabilidad de ver las mochilas de nuestros amigos argentinos que pesan una media de 10 Kg. más que las nuestras, y he decidido abrir hoy todo el día la huella, y sudar la gota gorda con la tensión de sortear estas grietas.

Seguimos progresando en el laberinto de nieve, la huella hasta la rodilla, y cada vez más inclinación. Ahora otro elemento que aparece en escena son las avalanchas de primavera. Lo mejor fabricarme pequeñas historias para entretenerme, ahora no os diré cual fue la siguiente historia, pero ya llevamos muchos días de expedición y los instintos naturales afloran, y por ahí va el titulo de mi siguiente historia, amigos es de dos rombos… pero que final mas bueno.
Cima del monte Caledonia
La belleza del paisaje es tan brutal que lo eclipsa todo. Pocas veces se ven tantos glaciares gigantescos y tan caóticos, ni siquiera en el Himalaya es fácil de contemplar este mundo tan hostil de bloques de hielo. Es verdaderamente asombroso que estén incluso a nivel del mar. Los inviernos tienen que ser peliagudos, y los temporales que azotan casi siempre este territorio proceden de la Antártida. La temperatura en verano a penas supera los 12 grados a nivel del mar, una vez alcanzó los 29ºC y fue un record. En pleno verano puede nevar a cualquier altura incluso en el mar. Y en invierno a estas alturas puede bajar el mercurio hasta los -35ºC, y los -25ºC en el mar. Hay témpanos de hielo que se desprenden de algunos glaciares y flotan por el canal de Beagle. Es sin duda una tierra fría, muy fría.
Alcanzamos unos promontorios de roca y Luis Turi que realizó la primera repetición mundial de esta montaña, nos dice que estamos muy cerca de la parte alta del glaciar, y por lo tanto próximos a la cima. Esto nos anima, pues la escalda parece no tener fin, y la inclinación pronunciada es constante, por eso hay tanto número de grietas. La cordada vista desde arriba es una belleza. Los argentinos van de verde, nosotros de azul y naranja, y todo alrededor es un mundo de hielo retorcido y caótico, con fuertes pendientes ¡Amigos que escalamos con mochilas de entre 22 Kg. a mas de 30Kg, y esto no es fácil!