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16 entradas en la categoría "Vanuatu"

Desafío tóxico conseguido... (1 de 5)

23/12/2009

Por: cuatro

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Sí,  amigos, hemos conseguido algo que nos parecía imposible y así os lo veníamos anunciando desde hace días. ¿Cómo nos íbamos a jugar la vida metiéndonos en ese pozo de más de 200 metros de profundidad colapsado por los gases más mortíferos que existen?

Amaneció un día que prometía. Ha sido la primera vez desde que estamos aquí que no llovía, y esto nos animó, pues el tiempo se nos está terminando y cada día lo veíamos más difícil. Empezamos a temer seriamente por nuestra salud.
Las condiciones en las que vivimos en nuestro campo base, a 900 metros de altura en la isla de Ambrym, en el archipiélago de las islas Vanuatu, en el Pacífico, entre Australia y las islas Salomón, son casi insoportables.

El aire está en la barrera de lo respirable, los alimentos y el agua están contaminados. Todo fluido procede de la lluvia, y aquí en esta isla siempre es ácida, especialmente en las proximidades de los volcanes, que es donde nos encontramos. Esta  agua ácida es la que bebemos: pura lejía. Los alimentos están rociados de cenizas que caen continuamente y que el fuerte viento se encarga de incrustar en todas partes. Estas cenizas proceden de un magma que, por las condiciones tan especiales de donde procede, está altamente cargado de minerales y metales fisionados con el magma, entre ellos algunos muy radiactivos, como uranio y radón. ¡Pues estas cenizas nos las comemos en los alimentos! La lluvia nos moja constantemente y es muy ácida con un ph de entre 4 a 1. Llueve jugo de limón, vinagre, o lejía, depende donde te encuentres dentro de esta caldera de 12 kilómetros de destrucción.
La atalaya natural en el borde del segundo cráter interno dentro del crater Bembouw a 240 metros de profundidad. La lava a tan sólo 70 metros

Este es el escenario donde estamos pasando nuestros días más tóxicos…

Admiramos y nos asombramos de esta belleza del fuego y destrucción, pero somos conscientes que nos quedan sólo dos días si queremos conseguir el Desafío. Sí o sí, tenemos que retirarnos y abandonar el campo base y descender al poblado de Wala, porque una semana es el tiempo máximo de exposición a tantos peligros, venenos, radioactividad, gases altamente tóxicos, y posibles erupciones descontroladas.

Así que hemos decidido ir a por todas…

Nos ponemos en marcha a las 7 de la mañana, con “aires renovados” ¿pilláis la broma?..

Caminamos a buen ritmo porque el cielo parece que se abre en ocasiones y deja ver el azul, algo inédito para nosotros, porque desde que estamos aquí sólo hemos vivido lluvia las 24 horas. Tenemos que aprovechar esta pequeña oportunidad. Conocemos bien la ruta ya es nuestra quinta salida de exploración por la gigantesca caldera en busca de los cuatro cráteres que están activos aquí.

El terreno es lo de siempre: cenizas, piedras volcánicos, rocas, y capas y más capas de cenizas acumuladas de explosiones pasadas.
Vista desde el cráter Bembouw de los otros dos cráteres expulsando gran cantidad de gases muy tóxicos

Abordamos las laderas finales que son resbaladizas por la gran cantidad de lava suelta, mezclada con cenizas y agua de lluvia ácida. Alcanzamos la cima del cráter Bembouw y, desde su cima, contemplamos por primera vez en todo su esplendor la caldera de 12 kilómetros que esta bordeada por un gigantesco cráter del mismo tamaño.

Los expertos creen que en torno al año 50  de nuestra era había aquí un solo cráter de ese tamaño. ¿Os imagináis? ¡Un cráter de 12 kilómetros de diámetro!   y una altura que estiman en algo más de 3.000 metros de altura, aquí, en esta isla a pocos kilómetros del Ecuador.

Pues en esa época el volcán erupcionó y el gran cráter se colapsó hacia el interior quedando como lo conocemos en la actualidad, alrededor los 900 metros de altura, aunque el subcráter activo y que es nuestro objetivo en este Desafío, el Bembouw, alcanza los 1.350 metros.

Los científicos dicen que la energía liberada en la mega explosión fue equivalente a 10.000 bombas atómicas como las de Hiroshima y Nagasaki.
La enorme cantidad de gases y cenizas que expulsó hasta la estratosfera recorrieron todo el planeta y alteraron el clima global. En Europa no se recordó un invierno tan duro y largo. Según relatan las crónicas casi no hubo verano.

Desafío tóxico conseguido... (2 de 5)

23/12/2009

Por: cuatro

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John, el vulcanólogo australiano que nos acompaña, nos dice que en la actualidad este volcán está considerado uno de los “grandes”. Es violento, explosivo, pero sobre todo destaca por tener dentro de los cráteres Marum y Bembouw unos lagos de lava muy activa que se mueven a una velocidad gigantesca, como en ningún otro volcán del planeta. Es una lava especial, líquida, veloz, muy caliente y sobre todo fisionada con minerales y metales de todo tipo además de agua salada, mucha agua salada que entra en su magma a 100 kilómetros de aquí, en el punto donde chocan la placa Australiana y Pacifica. Este magma se rellena con miles y miles de toneladas de esta agua salada que interacciona con los metales del magma provocando que diariamente se expulse a la atmósfera la mayor cantidad de gases altamente tóxicos y venenosos que se conoce. Muchas más que cualquier otro fenómeno natural o creado por el hombre.

Es, en definitiva, la mayor chimenea tóxica del planeta, y aquí estamos nosotros, en su borde, contemplando admirados esta gigantesca obra de la naturaleza. Y lo más increíble es que nos ha atrapado y queremos meternos en su interior, dentro de este gran cráter de un kilómetro de diámetro, en busca de esa extraña y única lava.
John y Jesús comentan cómo les fueron las cosas dentro del peligroso cráter Bembouw

El volcán se protege de aquellos que osen adentrase en su interior expulsando unas 2.000 toneladas diarias de esos mortíferos gases. Pero  nosotros vamos a intentarlo…

Tenemos que ser rápidos por dos cosas: 1) porque hay que aprovechar que no llueve y eso es especialmente relevante, pues el agua transforma el cloro en ácido clorhídrico, y el dióxido sulfúrico que expele se transforma en ácido sulfúrico. Es decir, se potencia aún más el poder destructor y tóxico de los gases así que si llueve y nos pilla dentro, casi seguro que no lo contamos y 2) estamos tan acojonados que si no lo intentamos rápido perderemos el valor necesario para hacerlo…

Clavamos dos estacas de un metro en la ceniza comprimida del labio del cráter, atamos una cuerda y la lanzamos al interior del cráter. No se ve nada, está repleto de gases tóxicos, es una gran nube blanca pero engañosa, es puro veneno. Me pregunto por qué queremos meternos en esa nube de muerte. A veces no me comprendo a mí mismo. Amo la vida y a este planeta de una manera infinitamente intensa y, sin embargo, puedo arriesgarlo todo por una gran aventura, y esta lo es…

Decidimos que entraremos John, el guía local, Emilio y yo. Kike será nuestra seguridad si ocurriera algo. Nuestro ganador(a) de “Desafío en Himalaya” se quedará fuera de esta locura o sinrazón de aventura. El riesgo que asumiremos de una muerte real es tal, que no podemos arriesgar a esta persona que llamamos “X”. Lo entiende y su cara manifiesta decepción, pero también pienso que la hemos aliviado. Esto va a resultar excesivo incluso para nosotros…

Mi hermano Kike me mira muy preocupado. Ya nos conocemos los gestos. Sabe que no tengo que entrar ahí, pero también me conoce y nunca me convencería, me deja irme al interior. Le doy las gracias por su comprensión, se las doy para adentro. Es el mejor hermano que me podía tocar. Desde pequeños siempre hemos ido juntos a todas partes, nos cuidamos el uno al otro.
Kike Calleja también desciende hasta el final de la cuerda para vigilar a sus compañeros

Me agarro con fuerza a la cuerda y me ajusto mi máscara antigás, aunque no hay filtros que puedan soportar tanto veneno altamente concentrado. El tiempo máximo en el que se colapsarán los filtros será de 30 a 45 minutos, y los filtros dejan claro en sus instrucciones que no deben exponerse a fuertes concentraciones de gas. Me río cuando lo leo, y me abrocho las últimas cremalleras, tiro de las gomas de presión de la máscara y me lanzo sin pensarlo al interior de la gran nube tóxica.

¡Dios mío! No veo ni a 5 metros. El gas aumenta al descender. Llevo cinco minutos descendiendo y me arde la garganta y no paro de toser, los ojos escuecen, y el calor aumenta… La cuerda se ha terminado a 60 metros, hemos recorrido el tramo más vertical. Nos paramos y miro a Emilio. Él me mira a mí, los dos miramos a John, y este al guía local. Está claro todos nos preguntamos si continuar o ascender. La concentración de gases es muy, y repito “muy” superior a los mínimos tolerables. John y el guía local dicen que jamás han entrado en un volcán con una nube hiper tóxica que no te deja ver mas allá de 5 metros.

Si decidieran darse la vuelta para mí sería un alivio. Me preguntan, les pregunto. Emilio tiene la sangre fría de filmarlo todo y una especie de feromona masculina dice que hay que continuar. Ya me entendéis, el típico “somos unos machitos”.  Joder, qué estúpidos somos a veces los tíos. Uno dice: por mí… continuamos, y los demás a coro, pues yo también…, y yo…, y yo…

Desafío tóxico conseguido... (3 de 5)

23/12/2009

Por: cuatro

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¡¡Dios, pero si ninguno queremos continuar!! ¿Por qué lo hacemos?

Ahora no hay vuelta atrás, seguimos descendiendo a este pozo de muerte. ¡Estoy “cagado” de miedo! y a Emilio le cuesta más decirlo pero su cara lo expresa todo, aunque nunca abandona su cámara ni su profesionalidad. Este tío se morirá y lo grabará para que otros lo vean. Admiro su tesón y valentía ante las situaciones tan comprometidas como esta. ¡Hacemos un buen tándem junto a mi hermano¡

Avanzamos a duras penas porque resulta muy difícil respirar y sufrimos un fuerte picor de ojos. Nos alegra que no llueva porque de ocurrir sería terrible. Estamos muy abajo y tardaríamos una eternidad en salir mientas el ácido clorhídrico y el anhídrido sulfúrico nos regarían y terminarían literalmente por deshacernos lentamente.
Jesús se siente mareado por el exceso de tiempo respirando gases altamente tóxicos con los que los filtros de la máscara antigas ya casi no funcionan

Curiosamente, cuando llegamos al fondo del cráter, a unos 240 metros, las nubes blancas se atenúan y al menos durante cuatro minutos pudimos ver el tamaño del cráter en toda su grandeza. Fue bestial, de una perfección matemática, redondo, de paredes verticales, y el suelo era plano de pura ceniza compactada. Había fuertes explosiones que oíamos pero que no sabíamos de donde venían. El ruido impresionaba y causaba terror. John nos dice que es la lava, que hace remolinos y explota produciendo pequeños terremotos, y eso es exactamente lo que sentíamos, que el terreno se movía debajo de nosotros. Pero, ¿dónde está la lava?

El guía local nos conduce por el interior del cráter. Personalmente confieso que me dio pavor separarme de las paredes del cráter. Nos adentramos aún más, lo cual supone invertir luego más tiempo en recorrer las distancias de retorno,… y los filtros de las máscaras están al borde del colapso. El gas es terrible y, para colmo, ahora lo que nos inunda por todas partes son ¡¡las nubes azules!! ¡¡las terribles nubes azules!! ¡¡las peores!! ¡¡los gases mas potentes y mortíferos!!

Busco a John en la espesura de estas nubes, lo agarro por el hombro y asustado lo interrogo sobre las nubes:
-¿No decías que esto es lo peor? ¡Son las nubes azules!
-Tienes razón, estas son las peores. Confiemos en las máscaras y no te la quites por nada del mundo. Hay que ser rápido para llegar a la lava. Estas nubes queman muy rápido los filtros
-John, ¿estamos seguro de continuar?
John Emilio y Jesús en la pequeña terraza colgante desde donde podian ver la lava dentro del cráter Bembouw

De nuevo la estupidez se adueña de nosotros, dejamos de lado la cordura y decidimos continuar. Yo creo que John esta definitivamente embrujado por los volcanes y estos gases azules le fascinan, y experimenta en su cuerpo y en este caso también en el mío y en el de Emilio los efectos de los gases azules…

Avanzamos a duras penas hacia el interior del cráter. El calor es insoportable, los gases nos están asfixiando literalmente. Pero os aseguro, y no es una broma, que yo miro cada poco tiempo hacia atrás, para buscar referencias por si todos “palman”, y yo tuviera una oportunidad de salvarme. Suena raro pero os juro que esto es literalmente lo que pasó y quiero intentar al menos reflejarlo en esta crónica.

En un lugar, en el fondo del cráter, había otro mini cráter de unos 50 metros de altura desde donde salía casi toda esa mierda, y hacia ahí nos dirigimos. John, nos dice que tenemos que ascender hasta su borde y después, a 100 metros más de profundidad, veremos el gran lago de lava.

Pienso, y así se lo comunico a Emilio, que ya que estamos aquí tenemos que intentar ver el lago de lava. Eso sería perfecto y justificaría en alguna medida esta sinrazón…

Invertimos otros 15 minutos en alcanzar el siguiente cráter y ascenderlo. Ya ha expirado el tiempo máximo de resistencia de los filtros de las máscaras, los problemas empezarán sin duda, pero por fin:
¡¡EL LAGO DE LAVA!!

Desafío tóxico conseguido... (4 de 5)

23/12/2009

Por: cuatro

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Brutal amigos, hemos conseguido el objetivo, el Desafío que nos ha traído hasta aquí. Estamos a unos 240 metros de profundidad dentro del cráter de Bembow y, a su vez, dentro de otro mini cráter donde hemos visto por muy poco tiempo el lago de lava más activo del planeta. Reconozco que los gases de las nubes azules que emanan sin cesar de este lago de lava eran tan apestosos y venenosos que nos dificultaron mucho la contemplación, en toda su belleza, de este fenómeno de la naturaleza tan brutal.

Pero llegamos hasta allí, vimos el interior de la Tierra, la escuchamos con sus violentas explosiones que dejaban la huella en los temblores que nos hacían movernos de la atalaya natural en la que estábamos, una terraza colgada a 100 metros de altura de paredes verticales de magma solidificado y, en el fondo,  ¡ríos de lava que bullen y explotan arrojando a decenas de metros material incandescente! Pero sobre todo nos impresiona el fortísimo ruido que hace la lava, un sonido que no se parece a nada que haya escuchado antes. Es imponente, grave, rotundo, atemorizante.
Emilio Valdés desciende con Jesús al interior del cráter Bembouw

Estoy aturdido de tantas emociones, de ver algo que nunca jama pensé que pudiera ver. Estoy viendo la Tierra por dentro, y su energía nos contagia a todos, se nos olvida que los filtros ya están más que saturados, que llevamos más de una hora en el interior del cráter, y todavía nos queda la salida. ¡¡Qué locura y qué belleza a la vez!! Estamos locos de atar y sin duda ahora comprendemos a John y su locura. El volcán nos tiene atrapados y no encontramos la hora de regresar.

Estoy mareando, me adormezco, y pierdo el equilibrio, tengo una clara ataxia (pérdida de equilibrio y dificultad para caminar). Mi cerebro y pulmones están al límite. Me mareo y tengo que tumbarme a lo largo pues pienso que me estoy yendo… Le digo a Emilio que hay que retroceder, regresar, estoy muriéndome poco a poco y esto, por duro que parezca, es así. Ahí abajo uno se muere sin más, la cuestión es cuánto durarás…
Emilio esta absorto filmando la lava, los gases y la terraza natural que nos ofrece las vistas más aterradoras de nuestras vidas, pero también de las más hermosas… Vemos el planeta por dentro, con toda su furia…

El intenso calor que desprende la lava, los gases extremadamente tóxicos que suelta este revoltijo de magma, no hacen mella en la determinación con la que seguimos estáticos, mirando al fondo de la Tierra. No somos conscientes de que hay que salir ¡ya!
Jesús Calleja se prepara para descender al fondo del cráter Bembouw con una altísima concentración de gases venenosos

John empieza a mostrar los mismos síntomas que yo. Está como hinchado y es el que decide, por fin, poner las cosas en su sitio. Estamos embriagados, tal vez por el efecto del veneno, pero John reacciona nos arenga a regresar. Protestamos, decimos que queremos un poco más de esa visión única, pero no, John nos agarra por el brazo y tira de nosotros. Emilio se resiste, quiere seguir filmando, pero ya no es posible, nos estamos muriendo poco a poco…

Por fin nos ponemos en marcha y me quejo a Emilio de que tengo serias dificultades para mantener el equilibrio. Me voy agarrando a rocas de aristas puntiagudas. Me detengo a coger aire, pero, ¿qué aire? No, tengo que seguir, sin parar…

Desafío tóxico conseguido... (5 de 5)

23/12/2009

Por: cuatro

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El guía local toma la iniciativa y nos lleva de regreso por el mismo camino. A mí me costaría encontrar la salida en esas nubes tan concentradas de gases tóxicos. La visibilidad es ahora de apenas 4 metros, pero Jesús, el guía local que se llama como yo, consigue encontrar el camino de vuelta. John y yo estamos al límite. Puede que nuestras máscaras antigás estén más deterioradas o que los filtros se hayan colapsado antes, pero el caso es que cada cinco pasos tenemos que parar, no respiramos, y en seguida me entran ganas de vomitar. Lo mismo le ocurre a John.

Emilio continúa aunque muy cansado. Él también tiene que parar cada poco a descansar. Está claro que estamos llegando al límite de lo que el cuerpo puede soportar. Consigo alcanzar a Emilio y encuentro un ritmo mejor, aunque lento, cansino, y con la mente difusa. John se queda atrás. Tenemos que esperar más de lo deseado para que John nos alcance. Ahora es sin duda el más afectado.

Un poco más, ya sólo nos quedan cien metros de desnivel, unos 20 minutos a este cansino ritmo. Parece que estamos escalando una gran montaña del Himalaya donde casi no hay aire, es el mismo ritmo. Nos estamos apagando…
Un poco más, un poco más, queda muy poco para encontrar aire, aire de verdad…
Conseguido el Desafío Extremo en Vanuatu

Por fin, damos con la cuerda para ascender el tramo más vertical. Ahora el esfuerzo tiene que ser mayor, y lo sentimos de veras…

El alivio viene cuando pensamos en Kike. Él nos podría sacar desde esta altura. Le gritamos y él se pone en guardia. Está listo para entrar en acción. Él y nuestra persona “X”, si es necesario, nos están vigilando de cerca y ahora estamos seguros que nada va a ocurrir, estamos casi fuera…

Por fin, estamos en el borde del cráter, lo hemos conseguido por lo pelos.
Tirados en el borde del cráter, cogemos aire, hinchamos los pulmones para insuflar el precioso aire. Estamos vivos, pero esto ha sido demasiada exposición.

Sacamos las banderas, hacemos fotos, a mí todavía me tiembla el cuerpo pero me voy recuperando poco a poco. John está agotado y venimos empapados de sudor, olor a amoniaco y azufre, pero con la felicidad de quien ve algo único, irrepetible…

Dios mío, hemos visto el interior de la Tierra, atravesando una barrera mortífera de gases altamente tóxicos en gran concentración, y hemos regresado para contarlo. Ahora sí que estamos disfrutando este DESAFIO TOXICO.
El guía local y Jesus Calleja asomando al fondo del lago de lava en el interior del cráter Bembouw

Amigos, ha sido brutal y no sabemos quién nos protege, pero esta vez se ha tenido que emplear a fondo.

Descendemos del cráter felices y no quiero plantearme más porque hemos arriesgado tanto… Es mejor no saber hasta qué punto y continuar explorando lugares tan increíbles como este a lo largo y a lo ancho de este fabuloso planeta. Tenemos el mejor trabajo del mundo y eso me consuela, aunque para realizarlo en algunas ocasiones tengamos que tomar decisiones como las de este día. ¡¡Mereció la pena!!

Dedico esta extraordinaria aventura a mis padres, que han entendido nuestra manera de vivir y ya no hacen preguntas. Sólo sonríen una y otra vez cuando nos reencontramos.

NOTA: Estábamos tan excitados, nerviosos y sobre todo, sobre-tensionados mientras descendíamos al interior del cráter Bembouw, que pudimos no sacar muchas fotos. Casi se nos olvido que teníamos cámara de fotos. Nos centramos en el video. Por esta razón, pedimos disculpas por las pocas fotos del interior del cráter. Pero de lo que sí disponemos es de una calidad de video en alta definición fascinante, que os sorprenderá a todos cuando veáis esta aventura muy pronto en DESAFIO EXTREMO en CUATRO.

Jesús Calleja, una vez más, desde un hermoso y mágico lugar en el Pacífico…

www.jesuscalleja.es
www.cuatro.com
Retrocedemos y, a tientas, atravesamos esa nube azulada que apenas nos deja vernos los unos a los otros. Sin máscaras, en pocos minutos estaríamos muertos. ¡Uf!, ya está, hemos salido por la misma ruta que nos trajo hasta aquí y nos alejamos a toda prisa de ese infierno, de gases mortíferos. ¡Es increíble  cómo pueden cambiar las cosas de un  día para otro!

John esta “mosqueado”, repite sin parar que algo gordo está a punto de pasar

Descendiendo del cráter Bembou Desafío Extremo en Cuatro.com

Llegamos al campamento dos horas después, agotados de tanta adrenalina, no del esfuerzo físico, que nada tienen que ver a otros Desafíos más duros físicamente. Pero la fuerte tensión a la que estamos sometidos nos deja extenuados.


Amigos, mañana será otro día y sin duda intentaremos de nuevo alcanzar la cima de nuestro objetivo, nuestro Desafío Extremo: descender al fondo de unos de los cráteres más tóxicos y peligrosos del planeta. Nos queda dos días, tiempo de máxima exposición al organismo a tantos venenos. En dos días sabréis cómo nos han ido las cosas por aquí, en la casa del diablo.

Jesus con el hijo del guía local que cuida el campamento. Desafío Extremo en Cuatro.com

Ya casi no tenemos huellas dactilares por la acción de la lluvia ácida, la piel esta acartonada, y nos pica todo el cuerpo. Ni qué decir tiene que estamos con la garganta fastidiada de inhalar tanta “mierda”, y el agua y comida que metemos para el cuerpo, esta contaminada. ¡Queremos que termine este Desafío Tóxico, pero nunca antes de un último intento!

Jesús Calleja desde las puertas del Infierno

Página Oficial de Desafío Extremo

Página Oficial de Desafío en Himalaya

Página web de Jesús Calleja

Decidimos continuar hacia el cráter de Marum, que se encuentra a unas dos horas de aquí, aunque el guía local y John, el vulcanólogo australiano que nos acompaña, nos avisan de que hay una sección muy peligrosa en la ruta, ya que los gases convergen en una estrechez. Aún así resolvimos continuar y despedirnos del Bembouw hasta el día siguiente en el que sin duda lo volveremos a intentar. No somos de tirar la toalla fácilmente.

Jesús preparándose para ascender a su objetivo el cráter Bembouw. Desafío Extremo en Cuatro.com

Atravesamos coladas de lava solidificada, bancales de cenizas, rocas, meteoros arrojados por los volcanes, un mundo de fuego, terremotos, y gases tóxicos. Avanzamos sin detenernos porque empezamos a sentir de nuevo el fuerte olor a amoniaco que es el más molesto de todos. Parece que el azufre lo toleran mejor nuestras máscaras antigás, pero el cloro traspasa más de lo debido los filtros, y nos irrita la garganta y pican los ojos. ¡Tenemos que darnos prisa en atravesar este sector, donde los gases se concentran y descienden al ser expulsados por el Marum y los otros dos cráteres pequeños!


Al llegar a este punto el olor es muy fuerte incluso dentro de la máscara. Es insoportable. Aumenta el calor y hay nubes bajas que son los gases más tóxicos, que se han convertido en ácido sulfúrico porque está lloviendo y esto es altamente peligroso.

Los hermanos Calleja al borde del cráter Bembouw cuyo desafío es adentrase en el interior colapsado de gases venenosos. Desafío Extremo en Cuatro.com

La persona “X” (ganadora de “Desafío en Himalaya”), está asustada de nuevo, mi hermano Kike tose sin cesar y sus ojos demuestran que esto no le gusta nada, como a mí, que me está dando la sensación de que estoy matando mi cuerpo poco a poco con tantos tóxicos.

Conseguimos atravesar este sector terrible y nos situamos en un lugar entre los dos cráteres  pequeños y el cráter Marum, pero algo no va bien, no se ve casi nada fuera de esta pequeña isla. John nos dice que hoy los volcanes están especialmente activos, que  no es normal esta actividad, especialmente la de los cráteres pequeños. Es posible que se esté preparando una fuerte erupción como ocurrió el pasado enero que casi obligó a evacuar la isla. Sufrieron una fuerte erupción seguida de terremotos, uno de ellos cercano a 8 en la escala de Richter que ¡desplazó la isla medio metro hacia el este! Esta es la verdadera violencia de estos volcanes, y ahora están tan activos que puede ser el preludio de algo gordo que está a punto de pasar.

Uno de los cráteres pequeños muy activo en este momento y al fondo Kike Calleja

Es imposible continuar por la misma ruta que nos llevó hasta la cima del Marum hace tres días. Vemos fumarolas muy violentas que ascienden a miles de metros de altitud. Hoy la lluvia es extra-ácida y el cráter  más cercano a nosotros se ha vuelto loco expulsando todo tipo de gas, y sobre todo el gas azul, que es el más mortífero de todos. Es puro cloro, que se mezcla con la lluvia y se transforma en un aniquilador anhídrido clohídrico. Esto es lo que esta ocurriendo: tenemos la ruta cortada y lo peor es que nosotros estamos dentro. Tenemos que dar la vuelta, retroceder por el mismo camino y atravesar el anhídrido clorhídrico otra vez, ¡qué asco!...

A medida que seguimos caminando empiezan aparecer piedras de lava, escorias, piedras más grandes y pesadas, después las “bombas”, formadas por lava arrojada a gran distancia, e incluso rocas de tres toneladas o más. Vemos todo esto a medida que nos acercamos al peligroso cráter que lo ha expulsado: el Bembouw. Voy pensado que, si el volcán ha lanzado esto hasta aquí, como le dé por cabrearse y nos pille en su borde, estamos “fritos”, sin ninguna posibilidad de sobrevivir.


Absorto en mis pensamientos sigo avanzando confiando en quitarme el miedo que tengo encima sólo de pensar que intentaremos meternos en el cráter. Doy por hecho que no tendremos problemas en alcanzar la cima del cráter.

Espesas nubes de cenizas caen constantemente sobre nuestro campo base. Desafío Extremo en Cuatro.com


A medida que ascendemos empieza a soplar un viento fortísimo de unos 70 kilómetros por hora. Nos quedan las rampas más empinadas, pero no revisten especial dificultad, aunque el viento aumenta exponencialmente con la altura.


Lo que ocurre es que el viento asciende muy rápido desde el mar hasta esta altitud en la que no hay ni un solo obstáculo. Es un volcán de libro y el viento corre libre, acelerándose a cada metro que asciende.

Las nubeas ascienden del cráter. Desafío Extremo en Cuatro.com

Después llega a la caldera y se encuentra con el caos de gases venenosos y vapores ardiendo que salen de los cuatro cráteres (miles de toneladas diarias), y éstos interaccionan con el aire que ya viene acelerándose. Al mezclarse, se aceleran aun más, se convierten en torbellinos que, al alcanzar las fuertes pendientes finales de los cráteres principales, el Marun y el Bembouw, siguen acelerándose aún mucho más hasta soplar a 100 kilómetros por hora y ráfagas aún más veloces.


Este es el escenario que nos encontramos en la cima del cráter Bembouw: vientos huracanados, gases por doquier, el interior del cráter no deja ver nada, está colapsado de gases que apenas logran escapar porque entre el viento de convección y las espesas nubes encima del cráter, los gases tienen muchas dificultades para salir del mismo. ¡Es imposible intentar descender al interior! Con este panorama, sería una muerte segura en apenas diez minutos.


Nos conformamos esta vez con caminar por el borde del cráter y observar hacia adentro cuando las fuertes rachas de viento nos dejan alguna oportunidad de ver algo en las entrañas del Bembouw.

Obserbado el cielo donde las nubes rotan 365º como si fuera un huracán. Este fenómeno es producido por los volcanes ocasionando vientos fortísimos. Desafío Extremo en Cuatro.com

Estamos asustados de mirar este cráter. Su tamaño es gigante, ruge como un dragón al removerse la lava continuamente y a gran velocidad. Una lava  que oímos pero que no vemos. Es como el gran monstruo que nos avisa de que saldrá, si no nos marchamos de allí. No me extraña que hace unos 150 años  se arrojaran niños a su interior, en unos rituales que se hacían para aplacar la ira de estos volcanes que han matado a muchas personas a lo largo de la historia.

No sé si sentimos decepción o alegría al saber que no nos podemos meter en su interior
. No hay condiciones mínimas para la seguridad, sino todo lo contrario. Está en pésimas condiciones y nos mataría sin duda.
Seguimos acampados en la caldera de cenizas y lava de la isla de Ambrym, en el archipiélago de Vanuatu, a 22.000 kilómetros de nuestra casa en León.

Sabemos que no debemos de estar más de una semana aquí acampados pues los gases que respiramos las 24 horas son muy tóxicos y pueden causarnos graves daños a pesar de estar a unos 4 kilómetros del cráter Bembouw y 6 kilómetros de los otros tres cráteres.

Ascendiendo al cráter Bembouw. Desafío Extremo en Cuatro.com

También nos ataca, despacio pero implacable, la constante lluvia ácida que en el campo base es como jugo de limón y en los cráteres como vinagre. El viento nos golpea sin piedad todo el día y la noche, arrastrando silicatos de lava que se meten en los ojos y te pasas el día arrancándolos. Bebemos agua ácida que además procede de un suelo en el que hay materiales radioactivos disueltos, procedentes del magma.

Nada aquí es compatible con la vida y los habitantes de estas islas nos dicen que si estamos más de una semana los dioses se enfadarán y nos enviarán enfermedades. Esto sí que lo interpretamos bien: ¡Aquí te mueres lentamente!

Hoy tenemos que enfrentarnos al cráter Bembouw, nuestro verdadero objetivo. Queremos alcanzar su cima, en el mismo borde de este cráter que tiene la lava más activa del mundo y es el volcán que expulsa más gases nocivos en todo el planeta. Además, si las condiciones lo permiten, queremos descender a su interior ayudados de material de escalada. ¡Una locura, en toda regla!

Detras de Kike y Jesús se levantan fumarolas de gases altamente tóxicos que les impiden acercarse al cráter Marum. Desafío Extremo en Cuatro.com

Desayunamos a las 5.30 de la mañana y a las 6.30 estábamos en marcha hacia el cráter. En el ambiente se masca tensión entre nosotros. Nos dirigimos a un auténtico peligro. Real, muy real. Lo peor de todo es que lo sabemos, lo asumimos y no hay marcha atrás. Vamos a intentarlo...

La ruta hacia este volcán es más corta que la del día anterior. Caminamos hacia el norte donde divisamos claramente el volcán, con su inequívoca forma redondeada. Su diámetro es de un kilómetro. Todo el camino es un mar de cenizas, muy ácidas, no hay apenas vida, aunque unas tímidas plantas se atreven con esta desolación, y crecen en este suelo marciano. Una lluvia altamente tóxica las riega. Son unas plantas heróicas por atreverse a crecer en un lugar que sólo anuncia muerte y destrucción.

Emilo Kike y Jesús en la cima del cráter Bembouw. Desafío Extremo en Cuatro.com

Cuando termina la meseta de cenizas empiezan montículos que están formados por cenizas acumuladas de erupción tras erupción. Vemos con claridad que algunas erupciones han depositado más de dos metros, otras medio metro, o un metro. Lo podemos leer en los estratos que se van creando después de cada erupción. 

El infierno existe (1 de 4)

09/12/2009

Por: cuatro

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Os recuerdo que estamos en el archipiélago de las islas Vanuatu, en busca de los volcanes con lava más activa del mundo, pero sobre todo los que más gases venenosos expulsan a la atmósfera de todo el planeta. Aquí estará nuestro siguiente Desafío Extremo. Nada más llegar al campo base, nos damos cuenta que este Desafío va a resultar mucho más difícil de lo que esperamos.


Lo más sorprendente es que nada más salir de la selva aparece la gran caldera de 12 kilómetros de ancho, que se extiende como un desierto de destrucción y en la que sopla un constante viento. No es un viento normal, es racheado, sopla muy de lado y es fortísimo. Lo normal es que sople sobre los 60 a 70 kilómetros continuamente, y por si esto fuera poco, la lluvia cae las 24 horas del día. Este extraño fenómeno que se produce durante los 365 días al año, es debido a la interacción de los volcanes.

Jesús y Kike con los porteadores

Estos cráteres expulsan tantas toneladas de vapores y gases altamente tóxicos que, al entrar en contacto con la atmósfera cargada a su vez de humedad (estamos en pleno trópico), hace que casi al mismo tiempo se produzcan precipitaciones torrenciales y vientos de convección que entran y salen de los profundos cráteres. Estos vientos se van acelerando hasta alcanzar en ocasiones los 100 kilómetros por hora con ráfagas de hasta 130. Es como estar metido en una auténtica locura de destrucción. Además las columnas de gases se elevan hasta los 15 kilómetros de altitud, generando en ocasiones aparato eléctrico encima de los mismos cráteres. A esto hay que sumar que lo que expulsan estos cuatro cráteres, son los gases mas venenosos que existen, que al mezclarse con el agua de la lluvia se convierten en más peligrosos aún. El producto derivado es autentico ácido sulfúrico y ácido clorhídrico, que vuelve a precipitarse en las inmediaciones del cráter y, si los vientos son predominantes, siembra toda la isla de este mortal líquido, aniquilando cualquier signo de vida y obligando en diferentes ocasiones a que sus habitantes emigren a otros lugares. Y nosotros pasaremos una semana junto a ellos en su misma base.

Un improvisado cobertizo de plástico para protegernos de la constante lluvia

Según nos cuenta John, nuestro vulcanólogo guía de Australia, diariamente se expulsan miles de toneladas de estos gases, los más peligroso y mortíferos, y sólo gracias al fortísimo viento, podemos sobrevivir, ya que insufla en esta mezcla letal el oxígeno vital para respirar. Si no fuera por estos vientos, desde donde os escribo esta crónica estaríamos todos muertos, pues nos encontramos a tan sólo cuatro kilómetros de los cráteres, y las columnas de gases tóxicos pasan por encima de nuestras cabezas, arrastrados por los vendavales. Si el viento se parase, los gases descenderían encima de nosotros al ser más pesados y nos matarían en pocos minutos. En fin, que la muerte sobrevuela el campamento y rezamos para que el viento no cese ni un instante.


Otra curiosidad de estos volcanes es que la placa Australiana y la pacífica chocan una sobre la otra a tan sólo 100 kilómetros de este punto, que se llama “cinturón de fuego del Pacífico”. La placa Australiana desciende en la colisión  hasta los 200 kilómetros bajo tierra y, en ese movimiento, se cuelan millones de toneladas de agua marina salada, que interacciona con el magma. Esta es la razón por la que en estos volcanes los gases sean tan tóxicos.


A estas curiosidades también hay que añadir que en el magma se han fusionado muchos metales y minerales, entre ellos, gran número de radiactivos, como uranio, y radón, por lo que toda la zona en la que estamos acampados, es radiactiva. La ceniza que todo lo cubre da fuertes valores en los aparatos que miden la radiactividad. Sin duda el lugar es terrible, no apto para la vida. Ni al mismísimo Dante se le hubiera ocurrido un escenario tan letal, y horrendo.

Vista del volcan Marum y Bembouw desde el campo base

Pues aquí, amigos, estamos Emilio, Kike, la persona “X”, ganadora del “Desafío en Himalaya”, y el que os escribe, acampados a tan sólo cuatro kilómetros del primer cráter, y seis del último. Son cuatro los cráteres, dos pequeños, explosivos, y dos grandes, que alojan gran cantidad de magma en su fondo.


Ayer hicimos la primera incursión hacia los cráteres. Si tengo que ser sincero, estábamos “cagaditos de miedo”, porque el escenario es de muerte y destrucción.


Nos equipamos con nuestros mejores trajes de agua, botas, etc.., y nos pusimos en marcha, en dirección al cráter Marum, cuyo diámetro es de un kilómetro, y casi 400 metros de profundidad. El camino desde el campo base hasta su cima nos llevó dos horas, ¡pero qué dos horas! Llovía de una manera bestial, el viento no nos dejaba casi entendernos al hablar, el suelo era un mar de cenizas y piedras que los volcanes habían expulsado. No hay vida, y la sensación es la de estar en otro planeta.

Autor

Jesús Calleja

Jesús Calleja nació en León y su profesión es la aventura. Ha viajado por todos los rincones del planeta. Practica el alpinismo y participa en los rallys más duros del mundo. Jesús Calleja os acercará a través de este blog a sus viajes, aventuras y anécdotas en su Desafío extremo por los cinco continentes

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