23/12/2009
Por: cuatro
23/12/2009
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23/12/2009
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23/12/2009
Por: cuatro
23/12/2009
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15/12/2009
Por: cuatro
Llegamos al campamento dos horas después, agotados de tanta adrenalina, no del esfuerzo físico, que nada tienen que ver a otros Desafíos más duros físicamente. Pero la fuerte tensión a la que estamos sometidos nos deja extenuados.
Amigos, mañana será otro día y sin duda intentaremos de nuevo alcanzar la cima de nuestro objetivo, nuestro Desafío Extremo: descender al fondo de unos de los cráteres más tóxicos y peligrosos del planeta. Nos queda dos días, tiempo de máxima exposición al organismo a tantos venenos. En dos días sabréis cómo nos han ido las cosas por aquí, en la casa del diablo.
Ya casi no tenemos huellas dactilares por la acción de la lluvia ácida, la piel esta acartonada, y nos pica todo el cuerpo. Ni qué decir tiene que estamos con la garganta fastidiada de inhalar tanta “mierda”, y el agua y comida que metemos para el cuerpo, esta contaminada. ¡Queremos que termine este Desafío Tóxico, pero nunca antes de un último intento!Jesús Calleja desde las puertas del Infierno
Página Oficial de Desafío Extremo
15/12/2009
Por: cuatro
Decidimos continuar hacia el cráter de Marum, que se encuentra a unas dos horas de aquí, aunque el guía local y John, el vulcanólogo australiano que nos acompaña, nos avisan de que hay una sección muy peligrosa en la ruta, ya que los gases convergen en una estrechez. Aún así resolvimos continuar y despedirnos del Bembouw hasta el día siguiente en el que sin duda lo volveremos a intentar. No somos de tirar la toalla fácilmente.
Atravesamos coladas de lava solidificada, bancales de cenizas, rocas, meteoros arrojados por los volcanes, un mundo de fuego, terremotos, y gases tóxicos. Avanzamos sin detenernos porque empezamos a sentir de nuevo el fuerte olor a amoniaco que es el más molesto de todos. Parece que el azufre lo toleran mejor nuestras máscaras antigás, pero el cloro traspasa más de lo debido los filtros, y nos irrita la garganta y pican los ojos. ¡Tenemos que darnos prisa en atravesar este sector, donde los gases se concentran y descienden al ser expulsados por el Marum y los otros dos cráteres pequeños!
Al llegar a este punto el olor es muy fuerte incluso dentro de la máscara. Es insoportable. Aumenta el calor y hay nubes bajas que son los gases más tóxicos, que se han convertido en ácido sulfúrico porque está lloviendo y esto es altamente peligroso.
La persona “X” (ganadora de “Desafío en Himalaya”), está asustada de nuevo, mi hermano Kike tose sin cesar y sus ojos demuestran que esto no le gusta nada, como a mí, que me está dando la sensación de que estoy matando mi cuerpo poco a poco con tantos tóxicos.Conseguimos atravesar este sector terrible y nos situamos en un lugar entre los dos cráteres pequeños y el cráter Marum, pero algo no va bien, no se ve casi nada fuera de esta pequeña isla. John nos dice que hoy los volcanes están especialmente activos, que no es normal esta actividad, especialmente la de los cráteres pequeños. Es posible que se esté preparando una fuerte erupción como ocurrió el pasado enero que casi obligó a evacuar la isla. Sufrieron una fuerte erupción seguida de terremotos, uno de ellos cercano a 8 en la escala de Richter que ¡desplazó la isla medio metro hacia el este! Esta es la verdadera violencia de estos volcanes, y ahora están tan activos que puede ser el preludio de algo gordo que está a punto de pasar.
Es imposible continuar por la misma ruta que nos llevó hasta la cima del Marum hace tres días. Vemos fumarolas muy violentas que ascienden a miles de metros de altitud. Hoy la lluvia es extra-ácida y el cráter más cercano a nosotros se ha vuelto loco expulsando todo tipo de gas, y sobre todo el gas azul, que es el más mortífero de todos. Es puro cloro, que se mezcla con la lluvia y se transforma en un aniquilador anhídrido clohídrico. Esto es lo que esta ocurriendo: tenemos la ruta cortada y lo peor es que nosotros estamos dentro. Tenemos que dar la vuelta, retroceder por el mismo camino y atravesar el anhídrido clorhídrico otra vez, ¡qué asco!...15/12/2009
Por: cuatro
A medida que seguimos caminando empiezan aparecer piedras de lava, escorias, piedras más grandes y pesadas, después las “bombas”, formadas por lava arrojada a gran distancia, e incluso rocas de tres toneladas o más. Vemos todo esto a medida que nos acercamos al peligroso cráter que lo ha expulsado: el Bembouw. Voy pensado que, si el volcán ha lanzado esto hasta aquí, como le dé por cabrearse y nos pille en su borde, estamos “fritos”, sin ninguna posibilidad de sobrevivir.
Absorto en mis pensamientos sigo avanzando confiando en quitarme el miedo que tengo encima sólo de pensar que intentaremos meternos en el cráter. Doy por hecho que no tendremos problemas en alcanzar la cima del cráter.
A medida que ascendemos empieza a soplar un viento fortísimo de unos 70 kilómetros por hora. Nos quedan las rampas más empinadas, pero no revisten especial dificultad, aunque el viento aumenta exponencialmente con la altura.
Lo que ocurre es que el viento asciende muy rápido desde el mar hasta esta altitud en la que no hay ni un solo obstáculo. Es un volcán de libro y el viento corre libre, acelerándose a cada metro que asciende.
Después llega a la caldera y se encuentra con el caos de gases venenosos y vapores ardiendo que salen de los cuatro cráteres (miles de toneladas diarias), y éstos interaccionan con el aire que ya viene acelerándose. Al mezclarse, se aceleran aun más, se convierten en torbellinos que, al alcanzar las fuertes pendientes finales de los cráteres principales, el Marun y el Bembouw, siguen acelerándose aún mucho más hasta soplar a 100 kilómetros por hora y ráfagas aún más veloces.
Este es el escenario que nos encontramos en la cima del cráter Bembouw: vientos huracanados, gases por doquier, el interior del cráter no deja ver nada, está colapsado de gases que apenas logran escapar porque entre el viento de convección y las espesas nubes encima del cráter, los gases tienen muchas dificultades para salir del mismo. ¡Es imposible intentar descender al interior! Con este panorama, sería una muerte segura en apenas diez minutos.
Nos conformamos esta vez con caminar por el borde del cráter y observar hacia adentro cuando las fuertes rachas de viento nos dejan alguna oportunidad de ver algo en las entrañas del Bembouw.
Estamos asustados de mirar este cráter. Su tamaño es gigante, ruge como un dragón al removerse la lava continuamente y a gran velocidad. Una lava que oímos pero que no vemos. Es como el gran monstruo que nos avisa de que saldrá, si no nos marchamos de allí. No me extraña que hace unos 150 años se arrojaran niños a su interior, en unos rituales que se hacían para aplacar la ira de estos volcanes que han matado a muchas personas a lo largo de la historia.15/12/2009
Por: cuatro
Sabemos que no debemos de estar más de una semana aquí acampados pues los gases que respiramos las 24 horas son muy tóxicos y pueden causarnos graves daños a pesar de estar a unos 4 kilómetros del cráter Bembouw y 6 kilómetros de los otros tres cráteres.
También nos ataca, despacio pero implacable, la constante lluvia ácida que en el campo base es como jugo de limón y en los cráteres como vinagre. El viento nos golpea sin piedad todo el día y la noche, arrastrando silicatos de lava que se meten en los ojos y te pasas el día arrancándolos. Bebemos agua ácida que además procede de un suelo en el que hay materiales radioactivos disueltos, procedentes del magma.Hoy tenemos que enfrentarnos al cráter Bembouw, nuestro verdadero objetivo. Queremos alcanzar su cima, en el mismo borde de este cráter que tiene la lava más activa del mundo y es el volcán que expulsa más gases nocivos en todo el planeta. Además, si las condiciones lo permiten, queremos descender a su interior ayudados de material de escalada. ¡Una locura, en toda regla!
Desayunamos a las 5.30 de la mañana y a las 6.30 estábamos en marcha hacia el cráter. En el ambiente se masca tensión entre nosotros. Nos dirigimos a un auténtico peligro. Real, muy real. Lo peor de todo es que lo sabemos, lo asumimos y no hay marcha atrás. Vamos a intentarlo...La ruta hacia este volcán es más corta que la del día anterior. Caminamos hacia el norte donde divisamos claramente el volcán, con su inequívoca forma redondeada. Su diámetro es de un kilómetro. Todo el camino es un mar de cenizas, muy ácidas, no hay apenas vida, aunque unas tímidas plantas se atreven con esta desolación, y crecen en este suelo marciano. Una lluvia altamente tóxica las riega. Son unas plantas heróicas por atreverse a crecer en un lugar que sólo anuncia muerte y destrucción.
Cuando termina la meseta de cenizas empiezan montículos que están formados por cenizas acumuladas de erupción tras erupción. Vemos con claridad que algunas erupciones han depositado más de dos metros, otras medio metro, o un metro. Lo podemos leer en los estratos que se van creando después de cada erupción.09/12/2009
Por: cuatro
Os recuerdo que estamos en el archipiélago de las islas Vanuatu, en busca de los volcanes con lava más activa del mundo, pero sobre todo los que más gases venenosos expulsan a la atmósfera de todo el planeta. Aquí estará nuestro siguiente Desafío Extremo. Nada más llegar al campo base, nos damos cuenta que este Desafío va a resultar mucho más difícil de lo que esperamos.
Lo más sorprendente es que nada más salir de la selva aparece la gran caldera de 12 kilómetros de ancho, que se extiende como un desierto de destrucción y en la que sopla un constante viento. No es un viento normal, es racheado, sopla muy de lado y es fortísimo. Lo normal es que sople sobre los 60 a 70 kilómetros continuamente, y por si esto fuera poco, la lluvia cae las 24 horas del día. Este extraño fenómeno que se produce durante los 365 días al año, es debido a la interacción de los volcanes.
Estos cráteres expulsan tantas toneladas de vapores y gases altamente tóxicos que, al entrar en contacto con la atmósfera cargada a su vez de humedad (estamos en pleno trópico), hace que casi al mismo tiempo se produzcan precipitaciones torrenciales y vientos de convección que entran y salen de los profundos cráteres. Estos vientos se van acelerando hasta alcanzar en ocasiones los 100 kilómetros por hora con ráfagas de hasta 130. Es como estar metido en una auténtica locura de destrucción. Además las columnas de gases se elevan hasta los 15 kilómetros de altitud, generando en ocasiones aparato eléctrico encima de los mismos cráteres. A esto hay que sumar que lo que expulsan estos cuatro cráteres, son los gases mas venenosos que existen, que al mezclarse con el agua de la lluvia se convierten en más peligrosos aún. El producto derivado es autentico ácido sulfúrico y ácido clorhídrico, que vuelve a precipitarse en las inmediaciones del cráter y, si los vientos son predominantes, siembra toda la isla de este mortal líquido, aniquilando cualquier signo de vida y obligando en diferentes ocasiones a que sus habitantes emigren a otros lugares. Y nosotros pasaremos una semana junto a ellos en su misma base.
Según nos cuenta John, nuestro vulcanólogo guía de Australia, diariamente se expulsan miles de toneladas de estos gases, los más peligroso y mortíferos, y sólo gracias al fortísimo viento, podemos sobrevivir, ya que insufla en esta mezcla letal el oxígeno vital para respirar. Si no fuera por estos vientos, desde donde os escribo esta crónica estaríamos todos muertos, pues nos encontramos a tan sólo cuatro kilómetros de los cráteres, y las columnas de gases tóxicos pasan por encima de nuestras cabezas, arrastrados por los vendavales. Si el viento se parase, los gases descenderían encima de nosotros al ser más pesados y nos matarían en pocos minutos. En fin, que la muerte sobrevuela el campamento y rezamos para que el viento no cese ni un instante.
Otra curiosidad de estos volcanes es que la placa Australiana y la pacífica chocan una sobre la otra a tan sólo 100 kilómetros de este punto, que se llama “cinturón de fuego del Pacífico”. La placa Australiana desciende en la colisión hasta los 200 kilómetros bajo tierra y, en ese movimiento, se cuelan millones de toneladas de agua marina salada, que interacciona con el magma. Esta es la razón por la que en estos volcanes los gases sean tan tóxicos.
A estas curiosidades también hay que añadir que en el magma se han fusionado muchos metales y minerales, entre ellos, gran número de radiactivos, como uranio, y radón, por lo que toda la zona en la que estamos acampados, es radiactiva. La ceniza que todo lo cubre da fuertes valores en los aparatos que miden la radiactividad. Sin duda el lugar es terrible, no apto para la vida. Ni al mismísimo Dante se le hubiera ocurrido un escenario tan letal, y horrendo.
Pues aquí, amigos, estamos Emilio, Kike, la persona “X”, ganadora del “Desafío en Himalaya”, y el que os escribe, acampados a tan sólo cuatro kilómetros del primer cráter, y seis del último. Son cuatro los cráteres, dos pequeños, explosivos, y dos grandes, que alojan gran cantidad de magma en su fondo.
Ayer hicimos la primera incursión hacia los cráteres. Si tengo que ser sincero, estábamos “cagaditos de miedo”, porque el escenario es de muerte y destrucción.
Nos equipamos con nuestros mejores trajes de agua, botas, etc.., y nos pusimos en marcha, en dirección al cráter Marum, cuyo diámetro es de un kilómetro, y casi 400 metros de profundidad. El camino desde el campo base hasta su cima nos llevó dos horas, ¡pero qué dos horas! Llovía de una manera bestial, el viento no nos dejaba casi entendernos al hablar, el suelo era un mar de cenizas y piedras que los volcanes habían expulsado. No hay vida, y la sensación es la de estar en otro planeta.
Jesús Calleja nació en León y su profesión es la aventura. Ha viajado por todos los rincones del planeta. Practica el alpinismo y participa en los rallys más duros del mundo. Jesús Calleja os acercará a través de este blog a sus viajes, aventuras y anécdotas en su Desafío extremo por los cinco continentes
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