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24 entradas en la categoría "Antártida"

¡Desafío conseguido en la Tierra de la reina Maud!

22/12/2011

El aventurero certifica que el Wideroe Fjellet, al contrario de lo que se pensaba, tiene una altura real de 3.489 metros

Por: Jesús Calleja

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Calleja conquista el Polo Sur

Foto: Jesús Calleja

"¡Hola amigos!:

El día de ayer, 21 de diciembre, fue de esos días que no olvidaré en mi vida. Como sabéis salimos el lunes de la base belga Princesa Elizabeth Emilio, mi cámara, el explorador polar Alain Hubert, el médico de la base y yo rumbo al Wideroe Fjellet, la montaña más alta de la cordillera Sor Rondane, y la más alta de esta salvaje Tierra de la Reina Maud, al Este de la Antártida.

Os aseguro que ha sido fascinante: no sabíamos bien qué nos íbamos a encontrar, la aproximación misma iba a ser una en sí una aventura pues había que atravesar con nuestras motos de nieve los agrietados glaciares que descienden del Polo Sur, los más grandes del mundo. Pues bien, nos aproximamos al campo que llamamos base en motos de nieve atravesando un enorme glaciar de 20 kilómetros, y desde ese punto comenzamos las ascensiones y la exploración. Este glaciar por el que cruzamos avanza todos los años desde el mismo Polo Sur y en esta latitud lo llega a hacer a razón de 1.500 metros al año, una velocidad increíble para un glaciar.

Antes de ir a por el Wideroe Fjellet decidimos escalar para entrenar y explorar alguna de las  montañas cercanas, más bajitas que nuestro objetivo. La primera de ellas fue el Utsteinen, de 1630 m, una montaña de roca muy puntiaguda en la que tuvimos que utilizar cuerdas. Llegamos hasta su estrecha cima Alain, Emlio, el doctor de la base (que es guía de montaña) y yo, ¡y no entrábamos más! con un viento de 100 km hora que lo hizo complicado y peligroso, porque la parte final era casi vertical.

También intentamos la ascensión a otra montana que desconocemos si se había escalado con anterioridad, el pico Vikinghogda, una montaña fotografiada por primera vez por los noruegos y que se calcula está en torno a los 3.000 metros.

No llegamos a su cima porque la ventisca, las temperaturas gélidas y sus dimensiones gigantescas la hacían peligrosa. De hecho el mayor riesgo era perderse en la fortísima ventisca con temperaturas tan extremas. Descubrimos durante la exploración de esta montaña unas curiosas formaciones de hielo compacto azul, desprovistas de nieve y sin grietas, excepto en el inicio de este extraño glaciar donde sí había y muy profundas. También vimos rocas de extrañas formas que hacían cuevas donde podíamos refugiarnos del viento. Aquí las montañas son de granito, muy descompuesto por la accion del frío, el viento y las bajas temperaturas, y las formaciones son diferentes también a las de otros lugares del planeta.

Tras estas primeras ascensiones de entrenamiento fuimos a por nuestro objetivo, el Wideroe Fjellet que, al contrario de lo que se pensaba, su altura real es de 3.489 metros. Anteriormente se dijo que tenía 2.996m, despues 3.350m, pero nosotros lo pudimos medir con precisión y exactitud con GPS, y afirmamos que mide 3.489m.

Se deducía su altura porque nunca había sido escalado excepto por Alain Hubert, que lo hizo el 19 de noviembre del 2005 y la determinó por altímetro barométrico pero no con la exactitud de un gps.

Los japoneses que hicieron el mapa de la zona lo hicieron en 1982 por triangulación y altura estimada; pero nunca lo escalaron, asi que afirmamos sin ninguna duda que la primera medición exacta es la nuestra.

Comenzamos a ascender desde los 1.661 metros de altura en los que se sitúa el campo base del pico. Por delante teníamos más de 1.800 metros de desnivel: una auténtica paliza antártica… Pero lo logramos, amigos, llegamos a la cima Alain, Emilio y yo. Logramos la primera repetición de esta ascensión, únicamente realizada por Alain Hubert en noviembre del 2005, y a través de una nueva ruta.

Alain subió por el glaciar, nosotros íntegramente por una larguísima arista, muy expuestos al fuerte viento, y que nos llevó desde el campo base hasta la cima (3.489 m) por la arista Noroeste. Total: ¡1.828 metros de desnivel!, golpeados por el fuerte viento, con la misma ropa y botas que si fuéramos a escalar el Everest, muy cargados con todo el material de montaña, más el de la grabación : dos cámaras; baterías, etc..,  fue una súper paliza de 15,8 km entre ida y vuelta, en la que tanto la altura, como el fuerte desnivel y el frío se dejaron sentir.

Estamos orgullosos de haber abierto este nuevo itinerario, que es espectacular, no solo de ascenso si no también de descenso:  la bajada también la hicimos por una ruta nueva. En su primera ascensión al Wideroe Fjellet, Alain subió y bajó por el mismo glaciar norte, nosotros descendimos abriendo ruta por la arista noreste. Queríamos que la ruta fuera original y escalarla y descenderla siempre por aristas hasta donde fuera posible. Esto nos exponía más a los vientos, pero es más aéreo y espectacular para filmar.

En el descenso llegamos a un punto donde ya no podíamos continuar por la arista, y lo continuamos a través de una gran pala de nieve de más de 1.000 metros de desnivel; hundidos hasta la rodilla en la nieve blanda, con peligro de avalanchas y de que hubiera grietas abiertas bajo nuestros pies. Arriesgado, pero exploramos por primera vez en la historia este espectacular valle nunca visto (ni filmado) hasta la fecha.  

En definitiva, ha sido de las ascensiones que más nos ha llenado, sobre todo por el cariz de exploración y por registrar datos valiosiosísimos para los científicos. Porque todos los datos registrados se están recopilando para que, desde la misma base antártica belga, se pongan en conocimiento de la comunidad científica pues son de gran importacia al tratarse de la montaña más alta en esta grandísima extensión. De hecho, si trazaramos un círculo de dos mil kilómetros de radio desde este pico, veríamos que no hay montaña más alta, por lo que ocupa la parte más grande de la Antártida en distancias que cualquier otra montaña de altura superior. Para Alain toda esta información es vital porque le ayudará a estimar mejor la altura del resto de los picos adyacentes, que son docenas de ellos y todos sin escalar.

Y bueno, siguiendo el protocolo antártico, hemos traído de vuelta de la montaña todas nuestras heces y orines para que lo reciclen en la estación belga. Ya os contaré más cosas alucinantes de este lugar, de los más aislados de la Antártida, de sus científicos, de sus descubrimientos, cómo se abastecen, cómo funciona la base de mayor tecnología mindial en cuanto a eficiencia energética y control de residuos del mundo, donde hemos sido unos privilegiados y los primeros españoles invitados.

Pronto nos iremos de aquí, pero felices, porque al menos hemos hecho nuestra contribución a la exploración y ciencia en este centenario de la llegada de Amundsen al Polo Sur; y no solo hemos hecho actividades deportivas destacables sino que además hemos aportado datos muy valiosos de esta compleja y difícil cordillera (casi diría de las más apartadas y remotas del planeta) a la ciencia, donde la estudian desde hace años noruegos, belgas y japoneses, pero que nunca se había escalado a excepción de Alain Hubert… y ahora nosotros.

¡Desafío conseguido amigos!

Y por cierto… ¡FELICES FIESTAS A TODOS!"

Jesús Calleja desde la Tierra de la Reina Maud

 

 

Para entrar en unas aguas tan gélidas como las de la Antártida hay que tener mucho valor, y María March demuestra que de valor va sobrada. ¿Te atreverías tú a hacer lo mismo?

Baño María March. Desafío Extremo en Cuatro.com

Ni el mismísimo Jesús Calleja ha sido capaz esta vez de seguir a su compañera de aventuras en aguas que están a dos grados bajo cero. ¿Algún valiente más?

María March Desafío Extremo en Cuatro.com

Las imágenes del baño dan frío con solo verlas... ¿aún no has visto el vídeo? Disfrútalo en el site de Desafío Extremo.

María March Desafío Extremo en Cuatro

Si Jesús Calleja te llevaría a un desafío así y te pusiera como condición realizar un baño similar, ¿lo harías? Recuerda que puedes volver a disfrutar de todos los Desafíos Extremos con play cuatro.

¿Te ha gustado mucho Desafío en Himalaya y tienes "mono" de Jesús Calleja? Pues no te preocupes porque Desafío Extremo vuelve a partir del próximo domingo 10 de enero a partir de las 22h30... ¡y por partida doble! Dos capítulos en los que viviremos la aventura de la mano de todo el equipo del programa.


Antártida. Desafío Extremo en Cuatro.com Jesús Calleja se desplaza a la Antártida. El aventurero leonés y su equipo parten desde Ushuaia (Argentina), la ciudad más al sur del planeta. Se dirigen la península Antártida a bordo del velero ‘Australis’. Navegarán 1000 kilómetros por los mares más duros del mundo y vivirán en primera persona una gran tormenta que amenazará su vida.  Por primera vez, el montañero y piloto leonés  emprende una aventura por mar, rodeando el mítico Cabo de Hornos y atravesando el terrible mar de Drake. En la segunda parte del programa, Jesús y su equipo afrontan a bordo de su velero La tormenta perfecta y la más fuerte de los últimos años en la Península Antártida. Si salen de esta, su único objetivo será llegar sanos y salvos a puerto, en Tierra del Fuego. Focas, ballenas y pingüinos les acompañan en su travesía.


No olvides tu cita con el aventurero más divertido de la televisión, el domingo 10, a partir de las 22h30 con Antártida: el terrible mar de Drake y Antártida: La tormenta perfecta. ¿Tenías ganas de Desafío Extremo? ¿Qué te ha parecido Desafío en Himalaya?

Hola amigos. La bahía para protegernos de la tempestad que Roger y los otros tres capitanes de los veleros que aquí nos hemos juntado ha sido un éxito. Hemos amarrado todos los barcos juntos, y los hemos sujetado a las rocas de los alrededores, además de tenerlos bien anclados.

En efecto, la tormenta ha sido muy dura, aunque no tanto como la que casi nos destroza el velero unos días antes. Lo mejor es que estamos en una bahía muy tranquila y protegida de los vientos por todas partes, por lo que en el interior las ráfagas más fuertes que medimos fueron de 80 kilómetros por hora, muy bajas en comparación con los 150 kilómetros por hora que sopló a tan sólo unos metros de donde estamos situados, es decir, al otro lado de esta pequeña bahía.

CRUZANDO EL PASO DRAKE EL PEOR MAR DEL MUNDO 12

Incluso pudimos darnos una vuelta con los dos botes neumáticos para filmar a las focas leopardo que estaban entorno a nuestro velero. También visitamos la base antártica de los ucranianos, que está abitada todo el año.

En esta base lo primero que hacen cuando te invitan a conocerla es beber vodka que ellos mismos destilan. Esta base tiene el tufillo de la Rusia comunista. Aunque las 14 personas que lo habitan son muy amables y no nos dejan pagar ni un sólo vodka. Aunque tengo que reconocer que estábamos mas cómodos en la base española o la argentina.

EXPLORANDO LOS PEQUEÑOS CANALES CERCA DE LA BAHIA DONDE NOS PROTEGIMOS DE LA SIGUIENTE TORMENTA

En esta base ucraniana había un personaje, que debía de ser científico, y que estaba bebido como una cuba, y con su extraña vestimenta: pantalón de raso negro, camisa como de seda sintética negra, zapatos negros (primeros zapatos que veo en la Antártida), y una corbata como no podía ser menos de color negra y brillantes por dentro de la camisa. Pues bien, este tipo se estaba poniendo además de pesado violento, y tuvimos que batirnos en retirada mucho antes de lo esperado porque nos daba la impresión que quería iniciar una pelea. Nada que ver con el resto de los otros inquilinos de la base, todos ellos muy amables. A este individuo lo disculpamos, pues llevaba casi un año.

JESUS CALLEJA EN LA GUARDIA QUE LE CORRESPONDE

En la base ucraniana, se ve que no están para muchos gastos y sólo llega un barco con provisiones y científicos. Hasta el año siguiente no les recogen, por lo que llegar a un estado de extraña excitación cuando ven a alguien es casi comprensible. Imaginaros 14 hombres de la base, nueve de nuestro barco, cuatro del velero francés, otro que viaja solo en su precario velero desde Nueva Zelanda, y otros cuatro que vienen en el Philos, hacen un total de 32 hombres frente a tres mujeres.

Los que estaban emparejados protegían a sus “churris” como un león protege a sus leonas, y pobre de la que se descuidara. Nosotros nos encargamos de proteger a María, que el “plasta hombre de negro”, ya se estaba pesadito.

En mitad de la noche tenemos que regresar a nuestro velero, pero claro no se nos ocurrió que se haría de noche y estábamos a unos 500 metros de navegación por estos estrechos canales, pero ahora con viento, las focas leopardo por todos lo lugares y ¡¡ sin linterna!! Me afano a los mando de nuestro pequeño bote neumático con motor fuera borda de 15 caballos y a cámara lenta, para no darnos contra las rocas, vamos intuyendo nuestro velero por la luz que refleja en el agua desde el foco del mástil mayor.

CABO DE HORNOS Y FIN DE LA EXPEDICION

Sin problemas regresamos todos al velero, y a dormir, que Roger nos comunica que está volviéndose loco con lo inestable y continuamente cambiante del tiempo, y hay que cruzar el Paso Drake y Cabo de Hornos. Lo que ayer parecía imposible, mañana parece posible…

Roger cree encontrar una pequeña ventana, aunque no exactamente de tiempo aceptable.

Su idea es partir por la mañana en plena tormenta, aunque ya habrá aflojado el viento. Después nos comeremos durante 36 horas un fuerte oleaje, y vientos fortísimos, pero después encontraremos en mitad del Paso Drake mejor mar, y sobre todo es importante que el día 27 crucemos el Cabo de Hornos, pues a partir del 28 una nueva borrasca muy fuerte nos sacudiría en este peligroso lugar.

CRUZANDO EL PASO DRAKE EL PEOR MAR DEL MUNDO 4

Al amanecer todos mirábamos a Roger con cara de susto, pues está nevando, hace mucho viento, y él dice que utilizará una ruta que hasta entonces nunca había usado, y que no es frecuente. Será bordeando por el sur la Isla de Amber, perdiendo la protección del estrecho canal de Neumayer, pero a cambio, al estar en mar abierto, es mas difícil que nos demos contra los acantilados, y una vez en el inicio del Paso Drake el velero resistirá, entre comillas, “bien”, los vientos de unos 100 km/h.

Lo más importante vigilar de no chocar contra los numerosísimos icebergs, que flotan a la deriva por todas partes. Estas próximas 36 horas serán muy exigentes para la navegación, pero es el único plan que tenemos para escapar de la Antártida, este fin de temporada o verano Antártico, que de la noche a la mañana se ha convertido en invierno, atrapándonos de tal modo que todo gira entorno a cómo salir de aquí. La mitad de la travesía será un horror, pero la otra mitad muy aceptable.

Como si el guión de esta película estuviera escrito, es tal como ocurrió:

Alcanzamos el Paso de Drake, después de sortear mil y un icebergs que amenazaban con venírsenos encima y rasgarnos el casco del velero como en el Titanic, (se me va la imaginación, lo siento…) junto con el oleaje, la nevada y el fortísimo viento, nos zarandeaba como si fuéramos una cáscara de nuez. Era insoportable el movimiento del barco. Sólo sujetarte era un ejercicio que nos dejó a todos agotados. El barco se escoraba en alguna ocasión casi los 60º. ¡¡60º!! Es una barbaridad.

CRUZANDO EL PASO DRAKE EL PEOR MAR DEL MUNDO 10

Subíamos y bajábamos olas de tal tamaño, que el barco desaparecía literalmente en el seno de la ola, para aparecer de la nada en la elevada cresta, y después de surfear un poco la cresta con la pericia del capitán al timón, volvíamos a descender al fondo de la ola, perdiendo por completo el horizonte. El mar pasaba literalmente de lado a lado del velero, y las sacudidas nos hacían salirnos del rumbo casi 60º, para volver a retomarlo. El capitán peleó con su timón como sólo un individuo con tanta experiencia podía hacer.

Nosotros no podíamos hacer otra cosa que esperar tirados por el suelo del barco. Era más seguro que intentar sentarte o ir a la cama, pues salimos volando en más de una ocasión, con los consiguientes moratones. Era cierto que estábamos más seguros en el suelo, mientras todo volaba por encima: platos, utensilios, comida, mochilas, etc... Una batería del ordenador salió disparada a tanta velocidad que se quedó marcada la pared del camarote. Si me pilla la cara me la destroza. Cualquier cosa se convertía en un bólido peligroso que amenazaba con machacarte.

A REFUGIO EN LA PEQUEÑA BAHIA EN LA BASE DE LOS UCRANIANOS

Muy pocos se libraron del mareo, mejor dicho ninguno, y la mitad de nosotros vomitábamos como perros. Yo era prácticamente un surtidor. No os podéis imaginar lo que es estar completamente mareado, vomitando y que no se pueda parar nuestro pequeño velero para recuperarte, aunque fuera solo un poco. Me quede sorprendido cuando una vez que subí al puente y Roger el capitán y su ayudante también vomitaban como nosotros.

Así pasamos las 36 horas sin pegar ojo, y sufriendo de lo lindo, lo bueno que no podríamos darnos contra nada en mitad del mar, lo peor que el velero apenas avanzaba, pues la fuerza de las olas y el viento que venía de frente, no nos dejaba coger velocidad, apenas 5 nudos, lo justo para gobernar el velero. Sabíamos que estábamos solos en mitad de ese gélido, y oscuro mar, y nadie nos podría ayudar. Lo mejor no pensar y esperar, esperar, esperar…

AMARRANDO CON CUERDAS EL VELERO PARA AFRONTAR LA TORMENTA

Pasaron las 36 horas y el mar ahora era aceptable, habíamos salido de la tormenta como Roger predijo, y aunque ni mucho menos estaba calmado, al menos las olas eran de cinco metros y esto ya a estas alturas de expedición es tolerable para nosotros, aunque la sensación de mareo era continua. Volvimos a las guardias y a la monotonía angustiosa de la navegación en el Paso Drake, que como dicen los viejos marinos aquí ya no hay ley, ni siquiera la de Dios.

El día 27 avistamos tierra. ¡¡Era el Cabo de Hornos!! El continente Sudamericano estaba a la vista, y lo mejor de todo es que justo esta sección del Cabo de Hornos ha sido la más tranquila desde que empezó esta aventura.

Salimos del interior del velero a respirar aire fresco, un mar casi tranquilo, y lo que más nos llamaba la atención es que las formaciones rocosas del Cabo de Hornos estaban cubiertas de verde, un color que hacía un mes no veíamos. Al inicio de esta expedición el Cabo de Hornos nos pareció hostil dantesco y tenebroso, hoy nos parece casi una isla tropical, no hay hielos, está verde, y el mar sereno.

BAJANDO EL BOTE GOMA PARA ORIENTAR AL VELERO AUSTRALIS

En la proa del velero Australis gritamos de alegría, nos abrazamos, sacamos fotos, y celebramos estar todos bien después de las tormentas sufridas, en especial la que casi nos envía a pique en la Antártida, el día 17 de febrero del 2009, un día que nunca se nos olvidara.

Mis amigos argentinos, Emilio Valdés, María y yo nos despedimos de vosotros hasta dentro de poco donde empezaremos otra aventura, un nuevo Desafió Extremo, en otras latitudes, también muy frías. Nos vamos a Groelandia y por delante un espectacular Desafío Extremo, que como estos que ahora estamos filmando veréis muy pronto en Cuatro.

Jesús Calleja desde Cabo de Hornos

http://www.jesuscalleja.es/

Seguimos en la Antártida (1 de 2)

25/02/2009

Por: cuatro

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Ya se nos ha pasado el tremendo susto de la tormenta, y al día siguiente apareció bueno, por lo que recobramos ánimos. Pero necesitaremos reparar el velero para poder continuar y sobre todo pensamos en el regreso, que se está complicando mucho.

Jesus Calleja obserba como rompe el hielo el velero Australis con su cascoacerado Quedamos muy pocos barcos en la zona. Estamos a finales de febrero, y en marzo aquí ya no queda nadie, ni siquiera en las bases. Todo el mundo desparece, el crudo invierno antártico esta muy cerca, y parece que este año se está adelantando, con la sucesión de tormentas inusualmente violentas en estas fechas.

Nos dirigimos a la base antártica española de la isla Decepción Gabriel de Castilla, pues necesitamos repuestos, especialmente que funcione nuestra emisora principal de VFH, y el radar, para detectar los icebergs que como es obvio, no están en ninguna carta de navegación.

Conseguimos repararlo y damos las gracias al Ejército de Tierra español que tanto nos han ayudado y la sabrosa paella a la que nos han invitado. Curiosamente nos reencontramos con los científicos que La agresiva y peligrosa foca leopardo habían embarcado en la anterior base Antártica Española Juan Carlos I. La tormenta les impidió continuar, y eso que el buque Las Palmas pesa 1500 toneladas. Pero las tempestades no respetan ni a los grandes buques. El capitán de Las Palmas nos confirma que la tormenta fue muy violenta, y él ni siquiera podía entrar en la bahía de Decepción a refugiarse con el buque Las Palmas, además nos dijo que después de oír nuestros problemas habría sido muy peligroso meterse cuando estábamos a la deriva. Nos ha facilitado de todo para ayudarnos a proseguir, aunque nos dice que los que venimos a la Antártida en velero por estos mares estamos locos de atar…

Como se nos hizo tarde decidimos visitar a la base argentina a petición de nuestros amigos los argentinos. Desembarcamos en la base a bordo del bote de goma zodiac. La base es diferente a la nuestra. Es muy antigua, de hecho, junto a otra base inglesa es la más antigua de esta parte de la La proa del Australois abriendose paso entre los hielos del canal de Lamaireen la Antartida Antártida. Se nota en su construcción que se conserva en muy buen estado, pero tiene ese aroma de las viejas bases antárticas, que recuerdan tiempos de exploración. Aquí hay 14 militares argentinos que nos reciben como en nuestra casa, y nos sorprenden con un asado a la argentina exquisito, todo un lujo en estas latitudes. Llega el momento de regresar al barco, pero no puede ser…

De nuevo y esta vez sin aviso llegan vientos tan fuertes, que es imposible regresar al velero, teniendo el capitán y su ayudante Any que controlar el ancla y que el barco no se mueva. Nosotros, obligados a dormir en la base, junto a otro buque francés, llamado POD ORANGE, cuyos tripulantes son muy buena gente. Dos jóvenes y una chica. Uno de ellos tiene un brazo tan ancho como mi pierna. A estos chicos tuvimos que ayudarles el día después de la tormenta. Lo más gracioso es que llevan a tres clientes que están sorprendidos con tener que dormir aquí, en el suelo de una habitación que han habilitado para nosotros.

Navegando proximos al circulo polar antartico Tanto españoles como argentinos somos de sangre latina, y organizamos un pedazo de fiesta que era un desmadre. ¡¡Qué bien lo pasamos!! Una juerga sin precedentes, especialmente con un “chavo”, como dicen los argentinos, que le apodaban “el brujo”, que era increíble montando juerga. Se disfrazaba de personajes, cantaba, tocaba la guitarra, contaba chistes, en fin menudo personaje Sólo os diré que en uno de sus simpáticos personajes, se disfrazo de Hitler para ridiculizarlo y se puso a desfilar por el pasillo, de una manera cómica. Habéis leído bien: esto, en una base militar antártica.

Aquí todo es diferente y se transige aun más. Es y tiene que ser así. Un diez para los argentinos, Restos oseos de una ballena azul de unos 30 metros de largo montan las mejores fiestas de la Antártida, y a nosotros nos vino muy bien para levantarnos la moral después del susto.

La conclusión que sacamos es que el tiempo atmosférico está desmadrado, y ahora nuestro principal objetivo es salir ilesos de la Antártida, pero eso tendrá que esperar, pues anuncian otra tempestad como la sufrida, y para pasarla necesitamos navegar curiosamente más hacia el Sur, hacia unas islas llamadas Argentinas, junto a la base antártica ucraniana.

En vez de regresar hacia Tierra de Fuego, tenemos que seguir navegando muy al Sur, con lo que nos adentramos aun más en la Antártida. No hay mas solución, pues en dos días y medio la tendremos encima. Al menos disfrutaremos de paisajes que cortan la respiración…

Primeramente navegamos hasta el anochecer, divisando por primera vez la península antártica. El paisaje increíble, pero hay que buscar dónde amarrar el barco. Aquí no hay puertos, por lo que cada uno usa su estrategia. La de Roger, nuestro capitán, es atracar en un pequeñísimo recodo, entre glaciares y un barco hundido, del que asoma la proa. Este barco se dedicaba a la caza de ballenas, y se hundió en 1916 al prenderse fuego, aunque todavía conserva la proa oxidada, donde atamos nuestro velero, para pasar la noche. La verdad es que resulta tétrico este lugar. Nos da la sensación de que los fantasmas del pecio errante nos visitarán en la noche.

Seguimos en la Antártida (2 de 2)

25/02/2009

Por: cuatro

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Pero esto no ocurre y amanece sin problemas. Pronto estamos navegando hacia el Sur, huyendo de la tormenta que se avecina, pero antes visitamos una pequeña base inglesa que estaba abandonada desde Emilio Valdes se baña en pleno Antartico hace treinta años. Una organización privada liderada por un tal Rick la ha reconstruido, y la ha dejado después de 30 años igual que antes del abandono de sus moradores. Rick es un famoso explorador que incorporó los trineos tirados por perros, y exploró estos lugares hace tiempo.

Antes tuvimos que parar en la base chilena González Videla para regularizar nuestra situación como nos dijeron en Puerto Wiliams, donde deberíamos informar en este punto de nuestras intenciones. De regreso, recalamos en una bahía próxima a la base antártica británica reconstruida llamada Lock Roy.

Emilio Valdes y Nacho Vidal filman desde el pequeño bote de goma Aquí descubrimos las focas leopardo, y navegamos junto a ellas en los botes de goma. María nos explica que es el mayor depredador de la Antártida. Tienen unos dientes gigantes y son de hasta 4 metros de largas, no tienen miedo a nada, ni tan siquiera de nuestra pequeña embarcación, verdaderamente nos impone su atrevimiento y osadía. Aquí en las bases nos avisan de que tengamos mucha precaución con estas focas tan agresivas que han atacado algún bote neumático pinchándolo y destrozándolo, y recientemente a una científica la mataron, arrastrándola a sesenta metros de profundidad. Aún así no podemos menos que jugar con ellas desde el pequeño bote, haciendo una filmación espectacular.

 

Al día siguiente seguimos rumbo al Sur, huyendo de la tormenta. Hoy tenemos que llegar a nuestra bahía de protección, pero antes pasamos posiblemente por uno de los lugares más hermosos de planeta: el Canal de Lemaire. Un estrecho paso marítimo, blindado por verticales montañas negras cubiertas de glaciares colgantes que caen al mar. Por esta acción este canal está repleto de hielo e icebergs. Aquí la navegación es extremadamente delicada y hay que sortear infinidad de gigantescos témpanos.

María, “el Niño”, y mi cámara y amigo Emilio Valdes se dan un baño en el hielo. Están locos de verdad…

Continuamos navegación y llegamos a un lugar que es como un cementerio de icebergs. Hay que bajar el pequeño bote neumático, y en él Emilio y yo ayudamos con una radio a buscar un pasillo entre los témpanos para que pase el velero, pues hay infinidad de posibilidades. El bote es necesario para buscar una salida a este laberinto de icebergs.
Explorando los icebergs
Poco a poco encontramos un paso, y hay que darse prisa porque se nos hecha la noche encima, y aquí es imposible navegar en la oscuridad, pues hay miles de témpanos flotando a la deriva.

 

Llegamos casi de noche a un lugar muy protegido de los vientos, donde nos reunimos un total de cuatro veleros, los únicos que quedan en esta zona. Estamos enfrente de la base ucraniana, y aquí soportaremos la fuerte tormenta que esta prácticamente encima. De hecho a las pocas horas, empezó a soplar con mucha fuerza el viento, y hoy día 23 a las 6 de la tarde nieva, hace un frío del demonio, y sopla a más de 100 kilómetros por hora en mar abierto. Pero nosotros estamos muy bien refugiados con el resto de los otros tres veleros, y hemos atado el barco a cuatro cuerdas en las rocas, más el ancla. Esta vez si que no nos moverá la tormenta. O eso al menos esperamos, aunque la mayor fuerza se presentará esta noche. La alerta es general y nadie navega, ni los grandes barcos. La nueva tempestad es la dueña de todos los espacios.

Jesus Calleja junto a los pinguinos antarticos Ahora, desde este punto, a menos de un grado de latitud del círculo polar antártico, estamos a la espera de la violencia con la que descargará esta nueva tempestad, y sobre todo, de cuándo encontraremos un hueco para navegar hacia Tierra de Fuego, por el paso de Drake y el Cabo de Hornos. Esto está siendo muy difícil, y Roger y yo discutimos todas las posibilidades consultando los partes meteorológicos. De momento no hay tregua.

Después de esta tormenta, que capearemos esta vez espero, sin problemas, nos decidiremos posiblemente a regresar por los más terribles mares del planeta a Ushuaia. Pero la realidad es que la información meteorológica indica que la navegación no va a resultar nada fácil. Anuncian más tormentasJesus Calleja navegando en el velero Australis y el paso de Drake estará difícil. Roger dice que su barco es duro y aguantará los casi 100 kilómetros por hora que sufriremos, eso sí, en alta mar, más seguro que aquí, entre témpanos y rocas, aunque esta vez sí que sabremos lo que será un mar terrible, el Paso de Drake, entre la Antártida y el continente Suramericano.

Ya estamos angustiados con lo que hemos sufrido en la fortísima tempestad que nos azotó con toda su crueldad, y ahora estamos sinceramente preocupados por nuestro retorno. Será seguro, según el capitán, pero muy, muy movidito... Estar atentos y os lo contaré…

Jesús Calleja desde la Antártida

 

www.jesuscalleja.es

La Tempestad (1 de 4)

24/02/2009

Por: cuatro

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Amigos: cómo pueden cambiar las cosas, y dar al traste con los planes, aunque nos da igual no poder cumplir el sueño de escalar alguna de estas fabulosas montañas, porque estamos vivos. Os diré porque…

Después de zarpar de la base española antártica Juan Carlos I, nuestra idea era dirigirnos hacia el sur, a lugares más fríos y de mayor belleza aun si cabe, pero al poco de salir, el tiempo empieza a cambiar muy rápido. Las nubes eran muy alargadas, el cielo tenía un color extraño, y el agua del mar se agitaba de un modo diferente, como miles y miles de pequeña olas. Enseguida empezaban a llegar rachas de viento aisladas pero contundentes.

A nuestro capitán esto no le estaba gustando nada. Él es un experto marino que lleva más de 40 años navegando por los mares más difíciles del planeta, y esto definitivamente no le está gustando nada.

Primeros momentos de la tormenta que pudimos fotografiar Roger nos comunica que es mejor que fondeemos en la isla Decepción, que es la mejor bahía de toda la Antártida, pues está completamente cerrada menos por una pequeña bocana, por la que se accede al interior de este cráter volcánico que se hundió y el mar inundó.

Es una isla diferente a todas las que hay en la Antártida: es de origen volcánico, y en la actualidad tiene actividad sismológica continuamente. De echo aquí estaba una de las estaciones balleneras más importantes de la Antártida, y se fueron de aquí en 1967, cuando una violentísima erupción volcánica deshizo parte del glaciar que se encontraba en las inmediaciones y esa mezcla de lodos formados de cenizas, materiales piro plásticos y hielo, destrozó la base ballenera noruega, además de una base científica inglesa. Todavía la última erupción importante fue en el año 1993, teniendo que evacuar las bases española y argentina de urgencia, pues son las únicas que hay en esta isla.

Por cierto: el que se fueran los noruegos y dejaran de matar focas y ballenas, desde mi punto de vista, y supongo el de muchos, ha sido una suerte, la naturaleza se defiende y les echo, ¡¡bien echados!! A ver si hay suerte y tanto noruegos como japoneses dejan en paz a estos espectaculares animales marinos, que mucha educación y cultura ejemplar, pero bien que fastidian con esta sin razón.

En fin, que llegamos sin problemas y fondeamos junto a otro velero de franceses que han oído la alerta general y deciden esperar aquí a que pase la esperada tormenta.

Nosotros cenamos, y me dedico a escribir mi diario, cambiar baterías a los equipos electrónicos, etc., cuando el velero empieza a moverse más de la cuenta. Esto es raro pues es una bahía bastante cerrada y se supone que estamos protegidos. El movimiento va a más y subimos al puente, y ya nos sorprende lo agitado del mar, y los fuertes vientos que soplan. En efecto nos alegramos de haber descendido rápido desde las montañas y glaciares de la isla de Livinsgton, pues si aquí en el mar es fuerte esta tormenta, arriba en las montañas sería aún peor.

Pero esto solo estaba empezando…

Con los movimientos cada vez más acentuados del barco, y las ráfagas que soplan con una fuerza de unos 50 nudos, entorno a los 90 kilómetros por hora, el velero resistía, y estaba bien anclado, por lo que el capitán está seguro de que en esta protección natural de la bahía Fóster en la isla Decepción, no hay que preocuparse de nada. Con esas se va a la cama, y yo me quedo leyendo hasta tarde con María…

En un momento en el que el velero se escora más de lo normal para estar anclados, decido subir al puente con María para hacer mi diario con la cámara, algo que realizo todos los días. La sorpresa se produce cuando estoy describiendo la tormenta tan fuerte que se nos ha echado encima, tal y como se esperaba, pero al describir los instrumentos del barco, observo la posición del barco, según el ploter, que es el instrumento que nos posiciona según el GPS satélite, el punto exacto donde estamos dentro de un mapa digital. Me doy cuenta rápido de que no estamos donde habíamos anclado, y al contrario, estamos alejándonos a cierta velocidad. ¿Qué esta pasando? María dice que estamos “garreando”, como se conoce en el argot marinero.

Bajo al camarote y llamo a Luis Turi, y decidimos avisar al capitán que esta dormido. El capitán se levanta de inmediato y nos confirma nuestras sospechas, estamos garreando y a qué velocidad. Fuera se ha desatado la tormenta con toda su furia y los vientos son ahora de 100 kilómetros por hora con rachas de 120 Km. /h., por lo que nos arrastra con ancla incluida.

El capitán, preocupado por el viento y la mar de fondo arrastrándonos con ancla y todo, nos dice que le ayudemos a levantar el ancla que hay que intentar fondear de nuevo. Nos ponemos nuestros equipos de agua y le ayudamos a subir la pesada ancla con muchos problemas, pues al garrear es difícil elevarlo.

Según sale, el barco empieza a girar de manera descontrolada. El capitán se emplea con toda su fuerza para dominar el timón, y descarta volver a fondear y tirar el ancla. Está sorprendido de la violencia de la tormenta y es más de lo que se anunciaba. Nos informa de que hay que navegar continuamente dando vueltas dentro de esta bahía que, aunque es pequeña, tiene unos 6 kilómetros de ancha. Nos parece una faena que el capitán no pueda dormir y tenga que estar dando absurdas vueltas aproando el barco contra los feroces vientos para proteger al mismo de embarrancar.

La Tempestad (2 de 4)

24/02/2009

Por: cuatro

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Se echa la noche encima, y el temporal arrecia aún más. Nadie puede dormir y el velero se mueve más que en toda la travesía del paso del Drake. ¿Cómo puede ser? Si estamos a refugio, es incomprensible. En la radio escuchamos que se han metido dos barcos de la armada chilena y argentina además de otros dos veleros más para protegerse, de esta inusual violencia.

Lo más importante en estas situaciones es utilizar el radar para orientarte en la noche y sobre todo en un lugar relativamente pequeño, como es esta bahía. De esta manera giramos en círculos pero controlando a los demás barcos, pues el refugio de esta bahía está a tope...

Intentando arriar las velas La tormenta sigue arreciando y es increíble cómo nos escoramos, cuando de repente, con una fortísima ráfaga de viento, el barco se inclina tanto, que alcanza mas de 50 grados de escoraje, y nos tira de la cama, arrojando todos los objetos por todas partes. Inmediatamente me digo que algo raro a pasado, cuando viene corriendo Any, la ayudante del capitán, y nos dice que nos volvamos a poner la ropa de agua, tenemos grandes problemas.

Nos vestimos después de la alarma general, y al subir al puente me resulta difícil describir lo que vi... Estábamos completamente inclinados, las velas se habían soltado y estaban desarboladas, enganchadas por todo el barco, las olas del mar pasaban de lado a lado del barco, la nieve lo cubría todo, y no se veía nada, excepto nuestro barco iluminado por los focos de los mástiles.

El capitán se afanaba al timón, amarrándose como podía pues el barco ahora está tan inclinado que no somos capaces de sujetarnos. Su cara lo decía todo: estamos fuera de control. El viento era constante de 180 kilómetros por hora ¡¡con rachas de 220!! La estación electrónica no tenía fallos, era verdad, la presión había bajado a 943 milibares y se había convertido en la fuerza de un huracán, pero en la Antártida.

Al soltarse las velas, y enredarse por el barco, estas se hinchaban escorando al límite de lo soportable por la estructura, llegando a meterse literalmente en el mar, al igual que la proa de nuestro velero.

El violentísimo viento hinchaba las inutilizadas velas y nos arrastra inevitablemente hacia los acantilados. Roger nos dice que tenemos que salir a cortar las velas y todas las cuerdas que encontremos o nos iremos a pique. Su cara esta descompuesta y lo dice todo.

Pero la realidad es que ahí fuera hay vientos de mas de 200 Km./h. ¿cómo vamos a salir a ese infierno? Las velas dan sacudidas por todas partes, las cuerdas y poleas se mueven a tal velocidad sin control, que si te pillan directamente te matan. El barco se está destruyendo poco a poco y lo vemos claramente, el capitán decide que hay que salir o estamos muertos.

Nos cuesta asimilarlo, pero Emilio, María, Marcelo y yo salimos los primeros, para después darnos turnos los siguientes. Fue impactante: el sólo echo de abrir la puerta y golpearnos de repente ese viento endiablado, junto con la nieve y las olas de mar pasando por encima de la cubierta, con un frío aterrador. Creí que era una mala pesadilla, pero teníamos que subir a la parte baja del mástil e intentar cortar las velas.

Conseguimos llegar al mástil y agarrarnos como podemos, pues no llevamos cuerda de seguridad, pues se puede enganchar y llevarnos atados a la vela que se mueve sin control por cualquier lado. No tenemos ideas, y nos agarramos a la vela Marcelo y yo, y ésta juega con nosotros, nos sube, nos baja, el mar entra por el barco, una ola nos atraviesa de lado a lado, la nieve no nos deja ver, y para más desgracias un extremo de una cuerda se engancha en mi tobillo y me eleva por los aires, paseándome por el oscuro mar, para de nuevo la vela me devuelve al interior del barco, mientras grito desesperado, cuando María y Marcelo me sujetan y consigo desprenderme de esa cuerda.

Sí, amigos, me di un paseo viendo la cara a la muerte, y el destino decidió que regresara al barco. Es sin duda la vez que más miedo he pasado en mi vida, estamos sin control.

Después de este susto nos metemos en el velero de nuevo, sin conseguir nada, y el capitán Roger sólo dice una cosa: “O cortáis esa vela, o en 15 minutos estamos todos muertos, el agua del negro océano está entre 2ºC, y -1ºC, el viento es de 200 Km/h, y nos vamos a estrellar contra los acantilados. ¡Por dios cortad las velas!”

Autor

Jesús Calleja

Jesús Calleja nació en León y su profesión es la aventura. Ha viajado por todos los rincones del planeta. Practica el alpinismo y participa en los rallys más duros del mundo. Jesús Calleja os acercará a través de este blog a sus viajes, aventuras y anécdotas en su Desafío extremo por los cinco continentes

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