"Nos vamos a convertir en cazatornados"
16/05/2012
"Nos vamos a intentar meter, literalmente, dentro de un tornado. Suena a locura, ¿verdad? Lo vamos a hacer con Sean Casey, el primero que logró grabar desde el interior de uno de estos destructores. En este nuevo Desafío Extremo amigos, nos vamos a convertir en cazatornados".
"Es la primera televisión que entra en el vehículo TIV para grabar algo tan tremendamente complicado de conseguir".
Por: Jesús Calleja
Os escribo desde el corazón de los Estados Unidos. No es la América típica de las pelis, esta es la América de los currantes, de las grandes llanuras, tiene un sabor especial. Todo es a lo grande... en especial las tormentas, y los tornados, y es eso precisamente lo que nos ha traído hasta aquí. Estos fenómenos tan destructores se dan, principalmente, por el choque de la masa de aire frío, ártico, que proviene desde Canadá -y que no encuentra ninguna cordillera en medio que la frene- con el aire cálido que llega desde el Golfo de México, y que lleva mucha humedad. Esto provoca un tipo de tormenta conocida como superceldas, que contienen mesociclones, que son como un pequeño huracán con rotación, va girando, y que alcanza una presión extraordinaria que alivia a través del tornado.
Son como una corriente que se descuelga desde la parte alta de la nube con otra corriente ascendente y que provoca tremendos vientos. Pueden ser desde débiles (tornado de fuerza F0) causando daño a árboles pero no a estructuras, hasta muy fuertes (fuerza F5), esos pueden arrancar edificios de sus cimientos.
Pues bien, llegamos hace unos días a Wichita, en Kansas, y aquí conocimos a Sean. Sean se ha construido un vehículo, casero, el TIV (Tornado Interception Vehicle) que pesa 6500 kg, con flaps aerodinámicos, con un blindaje de 8 pulgadas de acero... ¡es como ir en el coche de Mad Max! Él cree que puede aguantar un tornado de fuerza F3, pero aún no lo ha probado (un F3 puede llegar a 320, o 350 km/h).
En cualquier caso, una cosa es que pueda soportar ese viento, y otra es que en el tornado vengan árboles, coches, tejados, o vigas... ¡o lo que venga! Nos lo contaba él mismo: “Imaginaos el impacto de un árbol de 4 toneladas de peso a 350 km/h... ¡es una bomba!” Así que hay que intentar adentrarse en uno que no haya atravesado un bosque, o una fábrica (los elementos metálicos que arrastra actúan como metralla)... hay que dar con el tornado y tratar de identificar qué va en ese tornado, y por dónde ha pasado, pero aún así nunca sabes lo que va a pasar.
Y es que es muy difícil cazarlos: con la tecnología actual tienes grandes posibilidades de ver dónde se va a producir, pero nunca sabes con seguridad si se va a producir, ni en qué posición va a salir, ni que tú lo encuentres en su trayectoria. Porque viajan muy rápidamente, pueden ir a 50 km/h, o a 20 km/h, incluso a 100 km/h como se les ha visto, y culebrea mucho, sube, baja... Es muy difícil interceptarlo.
Pero para eso tenemos a Sean, que es el más experto cazatornados de USA, ha conseguido grabar desde el interior de un tornado en 12 ocasiones, y nosotros hemos venido en la que va a ser justo la decimotercera ocasión en que lo intenta (por cierto vaya yuyu eso de ser la treceava ocasión...) Fue el primero que lo logró para el Discovery Channel, el único que tiene un vehículo capaz de resistir un impacto de 300 km/h (y puede que más) y ahora van a ser nuestras cámaras de Desafío Extremo las que filmen cómo se intercepta un tornado y cómo es el interior de uno de estos bestiales fenómenos meteorológicos... Estamos muy contentos de poder enseñároslo en Desafío Extremo. Porque es la primera televisión que deja entrar en el TIV para grabar algo tan tremendamente complicado de conseguir.
Vamos en dos vehículos, uno, el que conduzco yo, que se llama Casa de perro, muy protegido también, con el que te vas acercando al núcleo de la tormenta. Cuando estás cerca te pasas al otro, al TIV, para entrar dentro del tornado, y te siguen grabando a distancia, desde el de Casa de Perro, cómo te internas dentro de él. Bueno, pues el pobre “Casa de perro” está abollado que parece que le ha caído una granada, y eso es solo por las bolas de granizo que se desprenden de las tormentas próximas al tornado... Nos dicen que caen como balones de balonmano ¡glup!
Desde que llegamos a USA nos hemos movido mucho, hemos recorrido ya Kansas, Oklahoma, Texas buscando tormentas que pueden llegar a formar tornados (de momento el nivel de tornados es bajo, pero las tormentas son muy intensas, muy fuertes ¡espectaculares!) y ahora estamos en Nuevo Méjico, donde por fin ayer localizamos una grande.

Para nosotros, para Emilio y para mí, fue una tormenta bestial, y mira que estamos acostumbrados a ver tormentones en montaña, pero nunca habíamos visto nada igual, ¡era impresionante! En estas llanuras se identifican increíblemente bien: el anillo circular, las corrientes de aire, los colores... ¡¡algo exageradol! Y para ellos era algo de clase media, normalita. Después de ver esto, no nos queremos ni imaginar lo que debe ser estar dentro del tornado... ver venir eso de frente y meterte dentro debe ser una auténtica locura.
Aquí en Nuevo Méjico hemos estado con los responsables de una oficina gubernamental dedicada a identificar a los tornados, y entender mejor su funcionamiento, porque causan cada año muchísimos daños tanto humanos como materiales (miles de millones de dólares) y es vital tratar de entenderlos. Y bueno, aquí Sean es como una superestrella, todos le conocen, le quieren hacer fotos, nos paran por la carretera...
Ayer estuvimos también en el Centro Nacional de Meteorología donde nos han enseñado cómo trabajan, sus camiones, sus radares Doppler... estos radares son básicos: son los únicos que pueden medir la dirección y velocidad del viento con precisión. Pueden identificar la carga de una nube, qué cantidad de agua tiene, si es granizo, de qué tamaño son las bolas de granizo, la intensidad...se puede decir que “ven” dentro de una tormenta.
Toda esta información que viene desde el Centro de Predicción de Tormentas (en concreto desde Norman, en Oklahoma), junto a los datos que se suministran desde los camiones del proyecto “Doppler on wheels” (“dopplers sobre ruedas”), y que cuentan con enormes radares doppler, le llega vía satélite y vía online a Brandon, un prestigioso meteorólogo que acompaña siempre a Sean. Según llegan los datos va recopilándolos y analizándolos, y va viendo dónde se produce la tormenta y ve cómo se intensifica, son capaces de adentrarse en ella exactamente por donde quieren. Brandon predice lo que va a ir sucediendo y Sean dirige el TIV en función de lo que él le indica. Ayer, cuando íbamos a la caza de la tormenta, nos iba descubriendo todo “ahora anillos fuertes de turbulencia, ahora viene aparato eléctrico peligroso, ahora cortina de agua, ahora cazaremos el centro de la tormenta, orientamos el coche hacia el noroeste y en dos o tres minutos vendrá cortina de granizo, de pulgada y media de grosor....” y efectivamente íbamos viendo según nos metíamos en el centro de la tormenta cómo todo eso iba sucediendo.
Nos las vimos con vientos muy fuertes, de hasta 120 km/h, y una granizada tremenda con bolas de más de 1 cm que dejó todo anegado, los campos blancos y el coche lleno en los segundos que abrí la puerta para grabar (y en los que me tuve que poner el casco!) Emilio y yo, que íbamos en el Casa de perro, ni nos oíamos y estábamos a 40 cm uno del otro, el estruendo era terrible! Las lunas del coche resisten, porque lleva blindaje con rejas (como Mad Max) que bajamos para proteger los cristales y poder meternos en el corazón de la tormenta.
Ahí nos dejamos bombardear por el granizo, que llega a abollar la chapa y a agujerearla, y acaba mojándose el interior del coche... Y esto es una tormenta normal para ellos, ¿sabéis...?
Estoy viendo ahora mismo en los partes meteorológicos los frentes de otra gran tormenta que se está formando; está lloviendo muy fuerte ya, truenos, relámpagos... y efectivamente me confirma Sean que nos vamos ¡ya! a cazarla, nos vamos hacia el interior de la tormenta, amigos, hasta muy pronto!
Jesús Calleja
08/05/2012
"Junto al equipo de Jim Abernethy, hemos podido bucear con tiburones oceánicos de puntas blancas, el tiburón que más muertes ha causado en la historia, y no precisamente en las mejores condiciones posibles..."
Por: Jesús Calleja
Buceando con el tiburón de puntas blancas: ¡Desafío conseguido!
Como os contaba en la anterior crónica, cuando veníamos de bucear en aguas poco profundas, veíamos en los mapas que se acercaban tormentas, de nuevo. Y efectivamente el tiempo empeoró amigos, y los frentes que anunciaban los partes meteorológicos llegaron: hemos estado navegando con un mar terrible, unos vientos muy, muy fuertes y un tremendo oleaje, con unas olas gigantes que nos han tenido a todos mareados. Mientras tratábamos de localizar a los Longimanus, intentábamos buscar refugio en algún islote pero no había manera… A punto hemos estado, en alguna ocasión, de tirar la toalla. Porque estábamos en medio de la tormenta, en mitad del océano, lloviendo, con un mar embravecido, un oleaje tremendo, y nosotros, a la tarea de captar la atención de los tiburones con la vibración del motor y echando carnaza atada a una boya.
Así, durante 5 o 6 horas, que ha sido cuando hemos visto, por fin, que surtía efecto…¡¡y tres pedazo de Longimanus se han puesto a dar vueltas alrededor de las cajas de pescado!! Echando el resto (¡porque daba mucho miedo!) nos hemos metido a bucear con ellos, lo que con estas condiciones todavía era más peligroso: el barco subía y bajaba con las olas, grandes y muy cortas, y caía a plomo contra el agua. Había que tener mucho cuidado tanto al entrar como al salir porque si justo cae sobre ti la plataforma del barco te parte la cabeza… con el mar tan revuelto y un viento tan fuerte todo es mucho más complicado. Y mientras, viendo cómo nuestro objetivo de este Desafío Extremo merodeaba debajo de nosotros… un animal en constante búsqueda de alimento, muy agresivo con la comida. Vive en aguas abiertas, donde el mar es como un gran desierto. No hay comida, y sí muchísima competencia, con lo que cualquier cosa que flote, ya sea un pez, una gaviota… lo que sea, el tiburón oceánico, el Longimanus, va a ir a por él a una velocidad de vértigo! Es tremendamente oportunista, y su mordedura es letal, como la del tiburón blanco.
Cómo serían las condiciones que, con lo lanzada que es, María no se ha sumergido; y se ha enfadado con nosotros (creo que con razón) porque lo ha visto como una auténtica inconsciencia. Con el mar como estaba, y el Longimanus excitado con la carnaza, le ha parecido una locura, y no ha querido hacer la inmersión.

Y bueno, nada más comenzar a tirarnos al agua (hay que tirarse con el chaleco desinflado, con mucho plomo, para caer como una piedra) nos ha ocurrido el primer percance: a Tiger, uno de los buceadores, se le ha enganchado un tubo y el manómetro en el barco y se ha quedado colgando con medio cuerpo fuera y medio cuerpo dentro, ¡con el barco arriba y abajo bamboleado por las olas, no éramos capaces de desengancharlo! Al final se le arranca toda la grifería, salta todo el aire, lo sacamos como hemos podido a la cubierta del barco, con su equipo enganchado en la popa… ¡menuda cara se le ha quedado a Tiger, vaya susto! Así que él tampoco ha podido bucear.
Con toda esta tensión, y los tiburones alerta, esperando, nos hemos tirado como os digo: muy lastrados, con los chalecos desinflados para caer a plomo, para, una vez en el agua, frenarte rápidamente. En este buceo no valen fallos: si te confundes con el caudal del aire que metes al chaleco y te vas al fondo, en un abismo como el que estábamos de 700 o 1000 metros, pierdes la referencia y desapareces. Y si por el contrario, te reflotas, tienes todas las posibilidades de que te ataque el Longimanus.

Y ha sido brutal: nada más tirarnos, ¡se nos han venido instantáneamente los tres tiburones encima! ¡No nos habíamos dado ni cuenta de lo cerca que les teníamos! Matt y Mike, dos de los buceadores sí lo han visto y han venido a protegernos rápidamente, con los palos. ¡Qué stress! Hay que mantener el palo a unos 50 centímetros de ti, en posición SIEMPRE vertical, y estático, y no quitarles ojo. Mirarles directamente, ya que la máscara amplía el tamaño de los ojos y eso les impresiona. Es básico no perder de vista su mirada. Nunca. Iban directamente a por nosotros, ¡como torpedos! Y ahí hay que estar tranquilo, nunca ponerse agresivo porque se pueden excitar, y atacar. Y es increíble porque pasan a tu lado, chocan contigo, tocan el palo, ven que el palo, en vertical, no les cabe en la boca, y entonces giran rapidísimamente, en un solo movimiento, y se te coloca en la espalda y vuelve a intentarlo! Tú ahí tienes que estar tranquilo, pese a la tensión, y girarte, seguir mirándole con el palo vertical frente a ti y no perderle de vista. Tienes que estar pendiente de no ponerte nervioso, para que no te lata el corazón demasiado deprisa y lo noten, pendiente de no irte abajo, de no reflotarte, de mantener la mirada en sus ojos, de llevar el palo siempre en vertical. Es una brutalidad, ¡hemos conseguido unas imágenes increíbles, amigos!

Ha sido espectacular... y terrorífico, a mí me habrán tratado como unas diez veces ver por dónde podían pillarme, han ido como cinco veces a por la cámara y no la querían soltar… son muy insistentes, y muy inteligentes: nos tratábamos de unir en una única masa de buceadores, para parecer “algo” más grande pero nos han conseguido dividir ¡con unas tácticas perfectas! Se meten entre el grupo, y te dividen, y no sabes ni cómo lo han hecho. Y es que es más fácil controlar 15 tiburones toro, que 3 Longimanus, en eso coincidíamos todos. Son osados, instigadores, no tienen miedo a nada… son un espectáculo. Una belleza que alcanzó su nivel de evolución máximo hace millones de años ¡una máquina perfecta, un depredador perfecto! Y es que, pese al riesgo que conlleva bucear junto a estos eficacísimos depredadores, haciendo las cosas bien, puedes sumergirte junto a ellos -lo que es un auténtico lujo- y salir vivo del encuentro. La exterminación a la que estamos llevando estas especies por sustraer sus aletas es una auténtica aberración, los estamos esquilmando, y con ello, el equilibrio de los océanos. Es una auténtica salvajada que queremos denunciar especialmente en este programa y, sobre todo, mostraros lo increíbles que son.
"El tiburón que más vidas se ha cobrado, una máquina perfecta y que nos ha dejado disfrutar de uno de los buceos más impresionantes que he hecho jamás"
Y bueno, con toda esta tensión y la máscara de comunicación que uso -que lleva presión positiva- tras mucho tiempo bajo el agua consumí el aire muy rápidamente, y me llegó el momento de salir. Es el momento más peligroso. Matt y yo nos separamos del grupo y en ese momento dos de los Longimanus comienzan a seguirnos. Matt sube, y saca la cabeza, avisa al equipo del barco que está como a 100 metros (estamos en alta mar, no pueden anclarse ni estar cerca por si nos reflotamos y nos damos con las hélices) yo me quedo bajo el agua peleándome con los dos tiburones, mientras tanto. Vuelve a sumergirse, y esperamos el momento, controlándolos entre los dos. Tan pronto sentimos las hélices, hincho el chaleco, calculo el sitio para salir por la popa (y sobre todo no aproximarme a las hélices) y salgo para arriba como un torpedo. Importantísimo no ponerse en horizontal cuando estás en superficie, no nadar, porque es el momento más proclive a que te ataquen. Y arriba, en el barco, tiene que haber dos personas preparadas para sacarte a la mayor velocidad posible.
Bueno, pues ahí fallé. Una ola movió el barco cuando salía y me vi, de repente, ¡como a un minuto a nado de la embarcación! No sabía qué hacer: si volver a sumergirme y esperar a que se acercaran a por mi, o nadar. Pero no me quedaba aire, así que, confiando que Matt lograra controlarlos un poco, me arriesgué a ir a nado. No dejaba de pensar en que una sola dentellada, con esa boca y el sistema de sierra que tienen, y estaba muerto. Ha sido el minuto más agobiante de toda mi vida: en el sitio favorito de ataque de los tiburones, nadando contracorriente, con oleaje, en alta mar. Y así, todos, nos ha pasado a todos igual a la hora de salir. ¡No había manera, han tenido que hacer hasta dos maniobras para sacar al resto del equipo! La verdad que María tenía razón, con esas condiciones te la juegas justo en el momento más delicado… Pero bueno, al día siguiente el tiempo se calmó y tanto ella como Tiger han podido bucear con un Longimanus que puso en jaque a un equipo entero ¡de 7 buceadores! Sin duda, bucear con los tiburones oceánicos de puntas blancas es algo muy, muy especial, incomparable. Nunca hemos hecho un buceo tan complicado.

¡Menudo colofón!: hemos filmado desde tiburones nodriza hasta peces escorpión, pasando por rayas, tiburones de arrecife, ¡hasta cerdos nadadores!… y ahora el Longimanus, el tiburón oceánico de puntas blancas. Dicho por todos, por Oscar, por María… por los buceadores más expertos: es el buceo más excitante que se puede realizar.
El tiburón que más vidas se ha cobrado, una máquina perfecta y que nos ha dejado disfrutar de uno de los buceos más impresionantes que he hecho jamás.
¡Desafío conseguido, amigos!
07/05/2012
Menudo entrenamiento, amigos: hemos tenido a diez centímetros escasos de la cara a tiburones de arrecife, limones, dusky... sensaciones fuertes que nos preparan para el desafío definitivo, cuando buceemos con los tiburones oceánicos de puntas blancas, el que más muertes ha causado en la historia.
Por: Jesús Calleja
Buceo de alta tensión
Buceo de alta tensión
Os escribo todavía excitado después de las inmersiones que acabamos de realizar (y también mareado, ¡no veáis qué pedo se pilla uno al escribir en el barco, buff!). Hace unos días, tras unas jornadas con muy mala mar y fuertes tormentas, decidimos realizar buceos previos al del Longimanus, el tiburón oceánico de puntas blancas. Es tremendamente peligroso sumergirse con él por varias causas: estaremos en aguas abiertas, con miles de metros de profanidad por debajo de nosotros. Ahí no hay protección posible, no es como el buceo que acabamos de realizar, en el que tenemos en el fondo marino un poco más de seguridad. En esas aguas no hay alimento, todo lo que se mueve puede ser comida y el oceánico no va a dar tregua si nos confunde con peces. De hecho los colores en este buceo están totalmente prohibidos, los trajes son negro riguroso y las máscaras de comunicación también ¡de hecho no quieren que se me vea ni un pelo rubio asomar por debajo de la capucha!
Realmente nos la vamos a jugar, por eso intentamos estar lo más entrenados posible en bucear rodeados de tiburones, acostumbrarnos a la sensación y al estrés que provoca y a mantener la calma en todo momento.
Con este objetivo el equipo de Jim Abernethy nos ha llevado a una zona de poca profundidad, unos 30 metros, y hemos podido bucear junto a tiburones de arrecife, tiburones Dusky, limones… en cualquier otro momento esto provocaría un impacto bestial, pero sabiendo lo que nos espera con los Longimanus… de todas formas, deja sin aliento verles tan cerca, porque se acercan muchísimo ¡¡los he tenido a 10 centímetros de mi cara!! Como única defensa, como siempre, un palo de escoba que colocamos delante de nosotros, en posición vertical.
Tan pronto colocamos la carnaza que llevamos, decenas de tiburones han acudido inmediatamente, pasándonos a toda velocidad delante de nosotros ¡por todos lados! Es increíble, de verdad, amigos, y lo mejor de todo es la manera en la que lo hemos filmado, con máscaras de comunicación especiales. Esta tecnología nos permite contar el programa bajo el agua (el 90% del programa transcurre bajo el agua!) y contaros lo que nos está sucediendo en tiempo real, en todo momento! Eso es único, es una manera muy especial de enseñar el océano.
Hemos podido filmar, además de los tiburones, a meros gigantes, morenas, peces escorpión, que son de los más venenosos que habitan las aguas, tortugas marinas enormes (la más grande que he visto nunca), estructuras de coral espectaculares…
Como siempre, por supuesto, todos los buceos tienen su riesgo: estamos en medio del mar, no hay ni siquiera atolones. Hay que tener mucho cuidado al sumergirse, con las corrientes -muy fuertes- hay que ir directamente al fondo, y sobre todo mucho cuidado al estar entre aguas, al salir hacia el barco, que es el lugar favorito del tiburón para atacar, y más cuando está envuelto en el frenesí alimenticio. Aquí está prohibido relajarse, son buceos, siempre, de alta tensión.
Es el mejor entrenamiento para el desafío definitivo. Porque nos espera un tiburón mucho más agresivo, más letal y mucho más oportunista que los de arrecife.
De momento, el tiempo nos va acompañando, pero los mapas empiezan a dar avisos de fuertes tormentas en la zona en la que queremos bucear con los Longimanus. Cruzamos los dedos para ver si finalmente no llega, porque estaremos en mitad del mar, sin refugio, a merced de la tormenta, lo que podría complicar, y mucho, el buceo con los tiburones oceánicos.
Bueno, amigos, vamos rumbo ya hacia las aguas en las que esperamos localizar a estos extraordinarios animales y hacer un buceo único, muy, muy pocas veces realizado y del que apenas hay filmaciones. Rumbo hacia aguas profundas, el reino del Longimanus!
Jesús Calleja
30/04/2012
Una peritonitis ha dejado en tierra a Jim Abernethy, amigos: al único buzo del mundo que se sumerge con tiburones tigre y con tiburones oceánicos, los Longimanus. Nos enfrentamos ahora al reto de sumergirnos, en mar abierto, junto a estas voraces criaturas ¡sin el mayor experto en la materia!
Por: Jesús Calleja
La única defense de Calleja bajo mar va a ser ¡un palo de escoba!
Jesús Calleja y María March, en Las Bahamas
El buceo con los tiburones oceánicos de puntas blancas, es tan complicado, tan peligroso, que es muy difícil, casi imposible encontrar a alguien en el mundo que se sumerja junto a ellos. ¡Y nosotros lo conocíamos!
En el anterior buceo en las Bahamas junto a los tiburones tigre tuvimos la suerte de contar con Jim para bucear junto a estos animales. Pero nada más comenzar con el Desafío, la primera sorpresa: le ha dado una peritonitis, está en el hospital y por supuesto ahí va a estar un buen período de tiempo. Así que esta es la situación: nadie, excepto Jim, ha buceado con este tiburón por la peligrosidad que tiene, porque se mueve en aguas abiertas, en aguas muy profundas. Es muy oportunista, siempre se acerca a todo lo que ve, por si es comida. En parte, porque por donde él habita no suele haber mucha comida. De ahí que sea un buceo muy arriesgado. Y también, porque nos puede venir por abajo: nosotros tenemos que bucear entre los 15-20 metros de profundidad. En otros buceos con tiburones llegamos hasta el suelo y esto mismo nos protege, pero aquí no, ¡no podremos verle si viene por abajo!
Su boca desgarra, es como la del tiburón blanco. De hecho es el tiburón que más muertes ha causado en alta mar. Se sabe que, en la Segunda Guerra Mundial, en 1945, cuando el buque USS Inidianapolis fue torpedeado más de 70 personas fueron devoradas por los Longimanus mientras esperaban el rescate...
El único que ha desarrollado una técnica válida para bucear con estos increíbles predadores es Jim Abernethy. Con Jim en el hospital, su equipo se ha comprometido a llevarnos. Pero un fallo –y el año pasado tuvimos muchos-, un solo fallo, y te ataca. Encima suele venir acompañado por los silk, los tiburones seda, que también son muy oportunistas... Como os podéis imaginar el ambiente en el barco es de tensión, porque su equipo nunca ha buceado sin Jim, y nosotros, Oscar Espinasa, María March y yo también hemos tenido muchísimas dudas antes de embarcarnos.
Mala mar, un incendio a bordo, bañándonos con cerdos buceadores rodeados de tiburones nodriza… Y, lo peor: ¡¡Jim sufre un ataque de peritonitis!!
Así que aquí estamos, los cinco miembros del equipo de Jim, tres buzos de seguridad, Oscar, María, el cámara y yo, en busca del Longimanus: dentadura letal, 4 metros y hasta 400 kg. Y sobre todo, nos vamos a adentrar en su territorio, donde jamás ven humanos. Todo lo que flota, es comida, y muy importante: carecen de miedo. Son muy osados, se acercan e intentan comerte. Como defensa tenemos unos simples palos de escoba y la técnica de mirarles a los ojos. Al parecer esta actitud les intimida, les infunde respeto ya que están acostumbrados a que todo a lo que se aproximan salga despavorido.
Y bueno, al poco de salir del Miami, a solo 15 millas tuvimos un incendio a bordo, hubo que parar los motores, abrir las bodegas, sofocarlo, después los motores no arrancaban... tras un montón de horas logramos ¡por fin! reanudar la marcha.
Ahora, tras dos días de navegación, hemos recalado en la Isla de los Cerdos. Una de las 600 islas deshabitadas que tiene Bahamas ¿y que porqué se llama así? ¡Porque está habitada solo por cerdos! Cerdos rositas, negros, atigrados, ¡¡que bucean y comen cosas del mar!! No hay otra cosa igual en el planeta, ¡y no veáis qué pedazo de cerdos! Les hemos llevado fruta y se han vuelto locos hemos estado jugando con ellos, buceando... ha sido increíble. No vais a dar crédito cuando lo veáis en el programa. Acercarse a ellos, eso sí, no ha sido ya tan fácil. Porque aquí, en aguas de Bahamas, todos los buceos son radicales, todos se desarrollan en escenarios hostiles, infestados de tiburones: ha habido que nadar unos 200 metros hasta llegar a la playa en la que estaban los cerdos (es un bajío, no cubre mucho) y veíamos cómo, según avanzábamos, los tiburones nodriza nos iban acompañando por debajo...! Todo lo relacionado con el mar aquí, es radical.
Jim Abernethy, el único en el mundo que ha buceado con tiburones de puntas blanca y que acompañaba a Jesús Calleja en esta peligrosa expedición, se ha tenido que quedar en tierra. El nuevo desafío extremo se pinta ¡más extremo que nunca!
Ahora nos vamos a conocer otro escenario, pero esta vez de película: a la isla en la que se rodó una escena de 'Tormenta' de James Bond, una cueva espectacular. Y de allí a un cantil en el que pasas de estar buceando a 15 o 20 metros, a bucear en aguas que se sumergen progresivamente hasta los 4.000 metros. Ahí es donde vamos a buscar a los Longimanus, los tiburones oceánicos de puntas blancas. Para atraerles desde lo profundo del azul hemos traído con nosotros ¡2.000 kg de carnaza! Nos tendremos que colocar entre el cebo, como si nosotros mismos lo fuéramos también, para poder filmar a estos tiburones.
De momento ya véis, bastantes imprevistos ¡y bastante mala mar, que nos ha tenido a todos mareados! Pero sobre todo preocupa el hecho de no contar con la única persona en el mundo que ha buceado con los tiburones oceánicos, y que conoce perfectamente su comportamiento, Jim. Aún así, dentro de muy poco estaremos buceando en el gran azul en busca de los Longimanus, amigos! en la primera vez que su equipo lo hará sin él... ¡allá vamos!
Jesús Calleja
14/03/2012
"He recibido un mensaje de Teresa que me hace reafirmarme en mi creencia de que Desafío Everest es mucho más que un programa de televisión"
Por: Jesús Calleja
Teresa García
Amigos, cuando digo que esto va más allá de un programa de televisión, me refiero a cosas como ésta: ¿Os acordáis que en Namche Bazar hablé un rato con Teresa y Santi, y ella se explayó de sus cosas, su vida? Supongo que el agotamiento y la intensidad con la que todos vivimos permitieron que contara cosas de su vida de las que habitualmente no habla. Ella lo recordó al ver el episodio 2, y luego me envió este mensaje:
“Entiendo el significado de Namche Bazaar, no es sólo un lugar. Para mí ha pasado a ser algo más, allí conseguí dejar todo mi pasado, todos mis malos rollos, todas las cosas q me han hecho daño, todo el lastre q me impedía ser feliz. Tú me ayudaste a sacarlo, aquel día en la bakery para mí fue algo más que un momento televisivo, me sentí como si hablara con Jesús amigo, no Jesús Calleja... aquel día me ayudaste a ser mejor persona, por eso nunca olvidaré Namche Bazaar, por eso nunca olvidaré nuestra conversación, nunca me olvidaré de ti... muchas gracias Jesús, mi viaje mereció la pena sobre todo por ese momento.”
Ella dice que yo la ayudé... la realidad es que es la experiencia de la montaña la que hace que veamos las cosas con otra perspectiva y aprendamos. Por eso me gusta tanto guiar a gente que no la conoce. ¡Siempre encuentras sorpresas!
Jesús Calleja nació en León y su profesión es la aventura. Ha viajado por todos los rincones del planeta. Practica el alpinismo y participa en los rallys más duros del mundo. Jesús Calleja os acercará a través de este blog a sus viajes, aventuras y anécdotas en su Desafío extremo por los cinco continentes
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