Cuatro.com

Buscar

"Mi música del misterio" por Iker Jiménez

30/11/2010

Por: cuatro

Etiquetas:

No concibo el misterio sin la música. Sin determinada música muy especial. El enigma no es mudo. Lo desconocido suena, habla, se proyecta a través de notas que calan en nuestra alma.
De pronto una conjunción de sonidos no nos abandona. La hacemos nuestra. Nos hace suyos. Se trasforma, desde la primera audición, en banda sonora de nuestra vida. Parece que guarda, que esconde, un mensaje precioso y preciso para nosotros. Nuestro yo se expande al escucharla cada vez.
¿ Hay mayor misterio?

Son sonidos que te transforman, te teletransportan. Acordes precisos que catapultan el alma hacia universos prohibidos u olvidados.
Podría, sinceramente, recordar de memoria las sintonías que me han acompañado a lo largo de los últimos veinte años. Imposible olvidarlo. Cada canción es el eslabón de una cadena. De una cadena de sueños, de anhelos que parecían imposibles. Perseguir los misterios, hacerme preguntas, contar cosas al público envuelto en la extraña armonía de ciertas notas musicales. Así quería ser yo.
Ha pasado el tiempo y compruebo que cada semana me sigo arropando por el manto del eco audible del misterio. Y rodeado y fortificado por él , hablo. Y cuento. Y siento algo distinto, a contracorriente. Algo que a veces pienso que es una misión. Algo que nos cambia por dentro. Algo que conecta con los demás. Como un chispazo. No, no hay mejor misterio.

Quizá, en parte, eso ocurre por la música.
Me estoy viendo ahora mismo poniendo Oxygene 4 para iniciar mi primer programa de radio en la emisora de un pueblo perdido. ¡Con qué fuerza sonaba! ¡Con qué entusiasmo la escuchaba aporreando la mesa! Allí, en mitad de la nada, se había abierto el espacio. El latido interno del cosmos. Golpeaba la vieja mesa sin parar, quizá para evitar el nerviosismo ya presente ante ese amigo casi desconocido que era micro. Música y micrófono. Ahí empezó el auténtico viaje.
Estoy “escuchando” mi primer viaje en busca del misterio; en aquél entrañable y destartalado coche. No tenía ni cassete, y recuerdo que le acoplé una vieja grabadora. Todo menos atravesar los páramos de Castilla sin la banda sonora y cósmica de fondo. Jarre, Mike Olfield, el gran Vángelis. Todos ellos , maestros, me acompañaron en esas primeras correrías en busca de sueños en los que casi nadie cree. Aún siguen conmigo, a través de los cds o del Ipod. Nunca me han abandonado. Ni yo a ellos. Sumergido en sus atmósferas, embriagado por sus ecos, he descubierto parajes asombrosos, carreteras perdidas, veredas interminables, ruinas extrañas. Me he emocionado viendo amanecer y atardecer en desiertos, hielos y mares. He llorado mirando a las estrellas lejanas, a la Cruz del Sur, a las cumbres andinas, creyendo que algo nos vigilaba desde la lejanía.
He dejado una y mil veces las puertas de mi coche abiertas, a la legada a un pueblo silencioso. Me he bajado ante el cartel que lo anunciaba. En el día y en la noche. Sin un alma. Llegando allí solo con el impulso del viajero que quiere estar en el enclave donde quizá ocurrió lo imposible. Como una peregrinación extraña. Quintanaortuño, Solarana, El Gasco, Aznalcollar, Ochate, Saucedilla, Los Monegros, Laroya, El Páramo de Masa… Y los altavoces, libres, conectando con el cielo. El lenguaje de la música fluyendo por el aire a campo abierto. Fundiéndose con el aire. Creando una atmósfera de auténtica magia.
He puesto The Robots de Kraftwerk a toda máquina en el arcén, a la vera de cualquier ruta, observando la naturaleza. Comprendiendo que todo está interconectado. Sintiéndome parte de una gigantesca madre.
¿Acaso hay mayor misterio?

He serpenteado por túneles, volcanes, museos, pirámides, lagos y construcciones innombrables con Yanni trepidando y haciéndome no desfallecer; con Alan Parsons marcando mi ritmo, golpe a golpe, con Mike Olfield estremeciéndome a cada bramido metálico de sus campanas tubulares.
He descendido en busca de los secretos de los primeros hombres y lo primero que he hecho, pidiendo permiso a las deidades que aún viven en la prehistoria eterna, es ponerme los diminutos cascos para conectar “con el otro lado”. Con Dead Can Dance me he sentido cerca del epicentro de todos los misterios. Palpando las paredes oscuras, postrándome ante las extrañas criaturas que se asoman a los lienzos de roca, he sentido el latido profundo de lo innombrable.
Y la voz de Lisa Gerrard, tan honda como el corazón de la tierra, era un lamento que me recorría de arriba abajo. Scaneando mi auténtico yo, haciéndome sentir muy pequeño en mitad de las catedrales más antiguas del mundo.
Se me han puesto los vellos de punta ante las caras, los ojos y los gestos de momias, de incorruptos, de demonios de piedra tallados hace milenios. Y de fondo, Loorena McKennit me ayudaba a no sentir temor. A verlos como una parte más de la fascinante realidad.

He pasado decenas, cientos de noches a la intemperie con mi equipaje de sueños y libertad. Libertad de niño que decide contar cosas que parecen imposibles. Libertad que transporta hacia mundos que nos reconcilian con nuestra esencia indómita, solitaria e ingobernable. Y siempre, cada minuto, cada instante, me he sentido acompañado de una de las manifestaciones más hermosas del arte humano: la música. Ahora, el destino así lo ha querido, he agrupado algunas canciones que para mi han significado mucho. Que me han ayudado. Que me han llevado en volandas. Que me han traído suerte. Que me han hecho vivir intensamente.
Quizá en ellas, en su composición como código interno e irrepetible, duerma una gran verdad. La profunda verdad tejida con sueños, con inspiración, con arte que no hace falta ver ni tocar. Como ocurre con las cosas importantes de la vida.
Arte que solo se siente, como esa verdad que perseguimos y que a veces, para procurar entenderla, llamamos misterio.

Ojalá vosotros sintáis lo mismo. Ese, os lo aseguro, es ahora mi único deseo.

IKER JIMÉNEZ

Autor

Cuarto Milenio

Cuarto Milenio

Los amantes de lo desconocido, los misterios, la ciencia, la historia y la arqueología tendrán su cita un año más todos los domingos por la nocheEn esta cuarta temporada, Iker Jiménez y Carmen Porter se desplazarán a muchos de los enclaves mundiales marcados por el misterio

publicidad

mostrar