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Adela acude a una clase de Kung-fu

Julia lleva unos 10 años en España, tiene 46 y cuando regresa a China se siente visitante. “Donde resido, yo siento que es mi casa”, afirma esta profesional. Ella invita a Adela a una clase de Kung-fu, en la cual le confiesa que comenzó a dar las clases después de que robaran en su tienda: "Tenía un negocio, y un día vinieron a robar. Me lesionaron con una taza en la cabeza, me sentía muy mal y me dije que tenía que aprender algo".